Sr. Director
Entiendo que, cuando una causa penal no ha sido probada aun mediante la totalidad del proceso, no es correcto que la prensa, por el simple envío de información de una parte parcial- publique como cosa juzgada en contra de una persona imputada de un delito que siempre es “supuesto”. Si la moda de hoy se basa en “escrachar” personas que aun no han sido asistidas en su derecho a la defensa plena y cabal, sin que esto sea considerado como delito de difamación, por qué entonces no se arbitran medios legales para poder impedir este tipo de acciones que tanto dañan y estigmatizan al “supuesto” inculpado y a sus familia.
El caso que me preocupa es el de mi hijo, que ha sido catalogado de “depredador sexual” en al menos tres periódicos, en un perfil de FACEBOOK personal (*), y en un par de emisoras, cuya noticia es fogoneada por el abogado querellante Marcelo Eduardo Hertzriken Velasco, con marcada falta de ética profesional y respeto. (Acción que el honorable colegio de abogados no debe estar al tanto de tan desacertado proceder)
Me pregunto entonces cuál es rol de la justicia; cuál el del secreto de sumario; dónde está la ética profesional del abogado. Y si, a pesar de los dichos difamatorios, el imputado resultara inocente, cómo se reparan los daños morales provocados de antemano por el simple afán amarillista y exhibicionista de un despliegue informativo por demás malintencionado. Creo que esa no es la buena forma de trabajar, ni la más decorosa, ni la más acertada.
No estoy en contra de la investigación judicial siempre que ésta se encuentre dentro de los carriles del debido proceso. La iatrogenia a la que estamos expuestos hoy todos los integrantes de nuestra familia se asimila a una suerte de exilio social muy difícil de desarticular.
Esta es una reflexión que hago como ciudadano que se siente profundamente discriminado por el accionar de quién no guarda el debido respeto en el despliegue de su profesión.
Por último, con dolor y tristeza he leído la frase “
hasta las últimas consecuencias
” Evidentemente la actitud del citado letrado no se basa en la parresia, es decir, en la “libertad de decirlo todo” y las derivaciones de su significado: “franqueza, valentía, libertad confiada”, sino como si se tratase de la vieja “ley del talión: ojo por ojo, diente por diente”, donde sí se procede de forma vengativa anulando la función de la justicia y tomando de alguna manera a ésta en manos propias.
(*) Facebook personal de Marcelo Eduardo Hertzriken Velasco
Orlando Raúl Ojeda
DNI: 12.978.823
Rincón de los Sauces
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