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Opinión

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Sentido de pertenencia

Destrozos de espacios públicos y daños gratuitos a la comunidad, parte de esta columna de opinión.
Horacio Beascochea
Por Horacio Beascochea

Es difícil entender que alguien destroce el lugar donde día a día le ha tocado vivir, a no ser que no tenga sentido de pertenencia y creo en esta instancia, lamentablemente, estamos. Cuesta entender que es lo que pasa por la mente de estos inadaptados que rompen las cosas públicas, que no es de nadie en particular y es de todos en general.

En estas últimas semanas he tenido que estar informando cada día lo que este grupo de muchachos han tomado como una diversión al romper lo que más a mano tiene en lugares abiertos y que tanto nos ha costado conseguir. Pintarrajear las estatuas y los murales en los paredones que embellecen los barrios de nuestra ciudad, se han llevado parte el césped de la A.V 20 de Diciembre y del Polideportivo que tanto ha costado traer, porque son las de tipo alfombras traídos en pan de otros lugares por flete porque nuestro suelo es tan duro y difícil de cultivar.

Tiraron los tanques y tachos de pintura al barranco donde se continúa trabajando para que le quede un lugar lindo a nuestros vecinos en el cerro denominado “La Cruz” donde pusieron el Cristo Patrono de la ciudad.

Han roto la mayoría de los aspersores de riego en la rotonda en la entrada de nuestra ciudad y maltratado el césped. Estamos próximos a comenzar las clases, si los gremios y el gobierno provincial lo permiten cosa que desarrollaré a su debido momento, y esta última semana se rompieron una gran cantidad de vidrio de las ventanas en los establecimientos. Así podría nombrarle muchas otras cosas que las noches, del fin de semana de Rincón, nos deja. Tengo que hacer el relevamientos cada lunes entre reportes policiales de peleas de borrachos como de chorros a mano armada y destrozos de nuestra ciudad.

Tanto usted como yo que somos personas grandes entendemos lo que significa esto de tener sentido de pertenencia, palabra que tendríamos que inculcar cada vez más entre los que están más cercanos para lograr un efecto de un boca en boca y educar.

Tenemos una sociedad que es transitoria pero se está formando una generación de chicos que están naciendo en nuestro Rincón de los Sauces y es nuestra plena responsabilidad de poner en claro que no se rompe lo que es de uno, como no se destruye lo que nos pertenece a todos.

Yo nací en Neuquén capital, del barrio Villa María, a unas cuantas cuadras sobre la ribera del río Limay. De muy joven me fui a vivir a la provincia de Buenos Aires, en una ciudad chiquita llamada Dolores, a mitad de camino hacia Mar del Plata por la ruta 2. Volví y me quedé unos años más en la capital y partí hacia la “República” de Cutral Co, como la llamo yo con mucho cariño porque viví parte de mi vida con mucha intensidad, tuve mi primer gran amor y un puñado de amigos con los cuales todavía mantengo comunión.

Con la vocación de comunicador me metí en diferentes situaciones y reclamos sociales como las famosas puebladas. Con la misma actitud llegué a mi querido Rincón, no buscando trabajo sino trabajando, por un fin de semana que luego se transformó una semana y al día de hoy pasaron 17 años, pero nunca pasó por mi cabeza eso de andar rompiendo y haciéndolo daño a la gente que vivía en estos lugares.

He aprendido amar cada lugar transitado, su gente, su historia, idiosincrasia, respetar sus creencias manteniendo firmes la mías, evitando la confrontación buscando las coincidencias. Sabiendo que cada uno tiene su lugar en esta vida que por lo complicado de nuestros pensamientos nos cuesta tanto entenderla. Sé que la vida es simple pero difícil su andar por eso me pregunto ¿por qué complicarla más?

Llega cada día y trato de atender mis asuntos como usted. Trabajo sobre la noticia del día, riego mi patio, le doy de comer a mis perras saco algunos yuyos que crecen más rápido que las plantas en mi terreno, saco la basura que genero esperando que el basurero se las lleve al lugar donde debe de estar. Camino de vez en cuando y me gustaría que hubiera más asfalto y que cuando comienzan a hacer una cuadra que es de hormigón no tarde tantos meses para no caminar sobre la tierra, aunque eso es otra historia.

Me compro un alfajor y una latita de gaseosa y trato de ubicar un tacho público para tirar lo que no me sirve pero cuando lo ubico falta el fondo, quiero sentarme a leer un libro mientras escucho un poco de música en el banco de la plaza y me queda la mitad de los cachetes de la cola haciendo equilibrio sobre una tabla.

A todos nos gusta el verde, le da vida a un lugar, cambia el panorama, es como que también pone de otro ánimo a la gente. Es lo que nos han metido tan dentro de nosotros que el verde es el color de la esperanza y ha calado muy dentro de nuestro inconsciente o quizás sea parte de lo inexplicable de la naturaleza. Se dice que todo aquello que proviene de la naturaleza lleva los pensamientos hacia el creador. Será que lo natural nos tranquiliza y nos transporta a pensar más profundamente acerca de nuestra vida o de nuestra espiritualidad. Pero que le voy a decir yo a usted que lo ha vivido en carne propia cuando se fue de vacaciones a esas cordilleras, al lado de un lago o al estar frente de esas olas imponentes que el mar nos provee y nos deja atónitos pensando en la inmensidad.

Pensando en estas cosas cómo entender que alguien destroce lo que le da vida a nuestra ciudad, que rompa lo que nos muestra que vamos prosperando, saliendo de ver esos médanos que nos tapaban la entrada de nuestra casa cuando corrían esos terribles vientos, que eran tan fuertes como los de hoy pero con la diferencia que tenemos algunos árboles que le frenan su ímpetu y un poco de césped para que el polvo por lo menos sea un poco más soportable.

Mi arraigo a esta ciudad me ha llevado a fanatizarme y confrontar duramente con aquellos que tienen una mirada muy corta, con los que no entienden lo que significa para nosotros y con los que hablan tan sueltamente como si nuestra sociedad fuera un gran prostíbulo donde todos tenemos un precio. Gracias a Dios hemos ido cambiando esa imagen porque son cada vez más familias las que se están quedando a vivir y ven como sus hijos crecen con las buenas y los males que hoy tiene nuestra ciudad. Es cierto que nos falta bastante pero estamos viendo una luz en nuestra dirigencia que por fin puede ver un poco más allá de sus bolsillos sabiendo que sus hijos juegan junto a los nuestros y que en ese pequeño cementerio que hoy tenemos, y espero que siga así, queremos que entierren nuestros huesos.

Por eso me es difícil entender que sigan destrozando cosas que son nuestras, que son de ellos pero también nuestras, que no tengan ese sentido de pertenencia. Siempre me planteé la idea de las cosas que me decía mi vieja cada vez que salía, ella me decía: “Charly pórtate bien” yo debía entender que pórtame bien era no hacer nada malo y que eso se traducía en no causarle daño a los demás. Esa simple frase ha implicado cada vez más cosas para mí en la medida que voy creciendo y adquiriendo mucho más conocimientos de la vida.

Para una persona grande como yo portarme bien a esta altura es cuestión de no ofender con mis palabras, pero decirlas de una forma adecuada tratando de establecer justicia, juicio y equidad en mis actos, cuidar mi salud y no meterme donde no me llaman. Pero hay una generación que tiene un mal concepto de la diversión porque alguien que disfruta dañando lo que no solo es de él sino de todos, ciertamente algo malo está pasando por su cabeza y los que viendo estos hechos lo alaban y lo encubren en sus actos son tan cómplices como el que los comete.

¿Sera problema de los padres que no le han sabido comunicar bien su enseñanza o por libre voluntad han querido torcer su caminar? ¿Quién sabrá? Sólo nos quedan los hechos de una triste realidad que espero se pueda cambiar porque quiero vivir en la ciudad que amo, viéndola crecer con los vecinos que saben que no se destruye lo que tantos nos cuesta conseguir ni se maltrata el lugar que elegimos para vivir.

Un gran abrazo de este humilde servidor. Charly Hernández

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