Corría el mes de junio del 2000, el país estaba gobernado por Fernando de la Rúa y la CGT estaba fracturada en dos, la oficial comandada por Rodolfo Daer y la disidente con Hugo Moyano a la cabeza.
La Argentina atravesaba un momento complicado desde lo económico, la Alianza tambaleaba en el poder y Moyano anunció un paro general de 48 horas para el 9 de junio en reclamo de una reforma laboral.
Después de muchos años, choferes de camiones y transportes públicos y privados y empleados estatales entre otros hicieron sentir el paro a lo largo y a lo ancho del país, dándole un duro golpe a la gestión que había sucedido a Carlos Menem.
Dos años más tarde, y con Eduardo Duhalde como presidente, Moyano anunció una nueva medida similar al considerar que el Ejecutivo no estaba haciendo lo necesario para contrarrestar la crisis económica. Era mayo del 2002 y varias zonas del país sufrían inundaciones producto de las fuertes lluvias.
Ante esto, Duhalde pidió la suspensión de la medida de fuerza a lo que Moyano respondió: “Nunca suspendimos un paro”. Sin embargo. La huelga se postergó y nunca se realizó. Con la llegada de Néstor Kirchner al poder, el 25 de mayo del 2003, la situación para el ahora líder de la CGT, cambió la central obrera, se unificó y se produjo un acercamiento a la nueva gestión que duro hasta el año pasado.
Ahora, después de varios años de disidencias con la CTA, ratificaron un paro en conjunto este 20 de noviembre. Los gremios han decidido actuar en conjunto para este reclamo aunque la metodología es diferente. Paro con movilización para algunos, otros, solamente paro afectando el normal funcionamiento de su labor.
“Recomiendo a la gente no salir ese día, a menos que sea para ir a la movilización”, propuso Micheli, líder de la CTA disidente. Quien además dijo que “van a haber cortes de rutas y puentes en todo el país”.
La Federación Agraria resolvió adherir a la medida de fuerza, en tanto su titular, Eduardo Buzzi, expreso que “nosotros estamos de acuerdo con los motivos del paro” al tiempo que ironizó que la Plaza de Mayo “va a quedar chica comparada con el 8N”. “Si se para el país, estamos mostrando que no importa el número sino el reclamo”, puntualizo el dirigente.
Desde el oficialismo salió Aníbal Fernández a denostar a Moyano y a Micheli diciendo que los que los acompañan son poquitos en comparación de aquellos que están a favor del modelo que se promueve desde el Estado.
Estos son los hechos de una historia no tan lejana y de una actual, que como ven mucho no ha cambiado ni creo que vaya a hacerlo. Cuando usted este leyendo estas crónicas el paro se habrá realizado y sabrá como está el ánimo de nuestra gente.
Este es el primer paro en la era de Cristina y solo nos sigue recordando que el peronismo no es el que gobierna y quien lidera este barco tiene un poder prestado.
Néstor Kirchner quien supo construir el poder y mantener unificados a los sectores sólo vive en los discursos en cadena nacional y en los grupos que usan su nombre y su figura para poder resaltar su fanatismo como los chicos que enarbolan en sus pechos con remeras del Che Guevara.
Nicolás Maquiavelo decía que el poder se construye o se adquiere y se hereda. Este último es el más propenso a ser desperdiciado y perdido. Es más decía que “los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia pues todo puede ver, pero poco comprende de lo que ve. Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”.
Es por esto que yo, personalmente, no le doy tanto crédito ni a unos ni a otros. Moyano y sus gremios asociados circunstancialmente no son la representación de la gran necesidad de los argentinos y ni Cristina es la defensora de los descamisados, emblema que solo una persona supo mantener con los valores que eso implicó. Pero lo que no se puede desconocer que hay una irritación en la sociedad que es bombardeada día a día y que nos pone de mal humor cuando los escuchás expresarse como si la vida de los ciudadanos, que los apoyan y les han brindado su voto de confianza, les pertenecieran, como en un pacto diabólico que nos mantiene condicionados hasta el fin de nuestras vidas o a la espera de una pronta redención disputándose a sí nuestra salvación.
Hoy, como hace diez o veinte años atrás, se trata de mejorar nuestra calidad y de expectativa de vida. Con o sin el Fondo Monetario Internacional, con o sin gobiernos radicales o peronistas. Se trata de encontrar las personas adecuadas que puedan transmitir esa tranquilidad de que lo que se esta haciendo es para el bien común de nuestros conciudadanos y no esa sensación de que siempre están detrás del negocio.
Si un problema se ignora no quiere decir que no exista y si no se encara la problemática puede que después no se pueda solucionar. Los problemas de industrialización, importación y exportación, la escasez en los recursos naturales y la crisis energética por la falta de inversión en ese sector y una planificación a largo plazo. Son algunas de las cosas que nos están causando problemas en la inmediatez pero vienen de hace rato.
Creo que a esta altura debería haber un “un pacto para vivir” como dice el pelado Cordera en su canción. No se puede vivir a los sobresaltos ni andar improvisadamente, estresados todo el día, no sabiendo si al despertar lo que uno construyó con tanto esfuerzo te lo arrebata el Estado o los chorros que no son juzgados y no están donde deben estar.
En la crisis de los países desarrollados deberíamos estar vendiéndole todo lo que están necesitando y llenando nuestras arcas siendo los principales proveedores de lo que esta necesitando el mundo y que nosotros poseemos en cuestión de alimentos y materia prima. ¿Es tan difícil entender eso? Y ¿Quién se beneficia en que estemos tan atados y no podamos despegar en nuestra economía? Si nos damos hasta el lujo de expropiar las empresas que estaban en manos privadas.
Muchos hablan que una intervención no es una expropiación y debe se así porque las mismas empresas que hoy no tienen el manejo total siguen poseyendo sus acción bajo la renta del Estado.
Al gobierno de Cristina le quedan tres años por delante y como están las cosas sabemos que no va a tener la misma cantidad de diputados en la Cámara ni en el Senado como para garantizarle que la Constitución sea reformada. Así que saquemos de la discusión la re-reelección, eso lo tendrán que resolver dentro de su partido quien será su sucesor. Esperemos que el gobierno tome nota de los reclamos de la gente antes que esto se vuelva algo incontrolable.
En septiembre eran un puñado en las calles, el 8 de Noviembre había un millar en la república y ahora se nos para el país. ¿Qué más hay que hacer para que empiecen a ver actos de humildad y los ataques a los sectores en disconformidad desaparezcan y los reclamos sean tomados en cuenta?
Espero que el “día después de mañana” sea mucho más alentador de lo que ven nuestros ojos y que podamos ir pensando en terminar un año sin sobresaltos, con ganas de ver cambios en nuestro diario vivir.
Un servidor Charly Hernández
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