¿Cómo andamos queridos lectores? Espero que los sucesos de la vida diaria los hayan tratado bien hasta este momento. Han pasado muchas cosas por estos días pero, sobre la actualidad, de seguro se habrán encargado muy bien los amigos del periódico. Es por ello que quisiera abordar algunas cositas de la historia que hace bien a nuestra salud mental y es un buen ejercicio para entender nuestro presente, pero no sin antes destacar la actitud abierta que ha tenido la UCR en su convención ampliada de este domingo 5 de agosto en la ciudad de Zapala que puso en la presidencia de dicha convención, a la Arquitecta María Búffolo en remplazo del renunciado Alberto Crespo.
Este hecho histórico en la Unión Cívica Radical, por ser la primera vez que una mujer preside la convención del partido, se da en un contexto de reorganizar las filas partidarias, rechazar enérgicamente el decreto 1277 reglamentario de Soberanía Hidrocarburífera y la preocupación de la defensa del Gobernador Sapag en su condescendencia nacional. Este debate ha estado en boca de todos los políticos en esta semana y el bloque radical hizo una presentación en Legislatura, que no tiende a prosperar su debate. La Convención se vuelve a reunir el 8 de septiembre en la ciudad de Cutral Co en su casa radical. Lindo comienzo para María Búffolo en miras de tomar decisiones para el 2013. Aunque no la conozco personalmente, le he hecho saber mis saludos e invitación para lograr una entrevista con ella y poder compartirlo con ustedes.
Vamos a lo nuestro: este tema de la globalización y la competencia de mercado, la caída de la economía de aquellos que parecían fuertes y una exportación reprimida, la Argentina no compite aunque no le falte materia prima y permite que todo ingrese a precio dólar, pero castiga al comercio por negociar con esa divisa en mercado. Para entenderlo mejor: aquí nada se fabrica todo se ensambla y compramos a precio internacional, pero lo que nos compran es en pesos argentinos. Siempre salimos perdiendo.
Desde la época de la Colonia, las materias primas, especialmente los cueros, nuestra gran riqueza, (como lo era la plata de Potosí para el Perú y el oro para Colombia y México), se exportaba sin tener el mínimo proceso de elaboración. Manuel Belgrano, como secretario del Consulado, impulsó el curtido de cueros, estableció premios para quienes encontraran un método contra la polilla.
Exportábamos cueros e importábamos los productos manufacturados. La ley de Aduana de 1876 dio impulso a la fabricación de calzados, montura, y todo objeto de cuero. Todo esto predominó a partir de 1878. En un artículo del diario el país de la época, José Antonio Wilde recuerda su libro de “Buenos Aires 70 años atrás” que al principio la silla de montar eran importadas, luego se fabricaron en el país y eran de la misma calidad que las inglesas. Aparecen los lomilleros, curtidores, talabarteros, fabricantes de calzados, carteras, valijas, y monturas, entre tantos productos.
En 1892, Santiago Mossi abrió un taller de talabartería en el barrio de Balvanera (Rivadavia 2714 local alquilado a la firma Colombo), se llamaba “La Nueva Lombarda”. Había llegado muy pequeño con su familia del cantón italiano de Suiza, su padre era talabartero y tenía su taller en Belgrano, donde él aprendió el oficio. En el taller llegaron a trabajar 20 operarios. Se fabricaban todo lo necesario para viajar o ir al colegio: botas, zapatos, botines, cabezadas, fiadores, cinchas, monturas inglesas y mexicanas para deportes como el polo, el pato, para carreras, rastras, rebenques, cartucheras de revólver, de escopetas y porta carabinas.
Se vendían artículos de pesca, de caza, librería, juguetes nacionales e importados, tinta, grasa, aceite para carros y chatas, braseros. Compraba la materia prima, el cuero y la suela en Avellaneda y en Boedo. El taller se cerró en 1946 y el negocio en 1999. Se fabricaba para particulares y el ejército, tenía un buen surtido con muy buenos precios y de calidad. Se enviaban la mercadería al interior, a veces eran adquiridas por comisionistas en el tren.
Cuando Mossi abrió su negocio eran tiempos difíciles para el país a pesar de eso fue muy próspero y un ejemplo de luchador de talento, digno de admirar. Tras la revolución de 1890, que llevó a la renuncia de Juares Celman, su sucesor, Carlos Pellegrini, fundó la Caja de Conversión de la Moneda, El Banco de la Nación Argentina, promovió leyes impositivas, lanzó un empréstito interno y controlo la emisión del papel moneda, pero el problema obrero continuaba, con bajos salarios, horas excesivas de trabajo, condiciones insalubres, explotación de las mujeres y los niños, falta de leyes para defender a los ancianos y a los enfermos.
Allí aparecieron los Sindicatos las huelgas y los partidos socialistas, anarquistas y radicales y más tarde el partido comunista. Eran momentos de gran convulsión social. Al querer reducir las tarifas aduaneras a la importación del calzado y tejidos, hubo reclamos de los industriales; era la lucha entre librecambistas y proteccionistas. El asesor letrado de la Unión Industrial, Doc. Luis Pascarella presentó un informe que señalaba que en 1914 la industria del calzado elaboraba materia prima por $10.000.000 y daba trabajo a 30.000 obreros. El problema no quedó resuelto y en 1915 los obreros se concentraron en plaza Once con pancartas y carteles pero nada se consiguió.
Uno se pregunta ¿Qué pasó en ese momento con la industria del calzado que prácticamente comenzó a desaparecer?. Los que quedan se quejan de la desprotección. En Brasil, donde importamos el calzado, esta subsidiado por el Estado y los salarios son muy bajos, además las zapatillas han subsistido a los zapatos.
¿Cómo podemos volver a ser lo que éramos, nosotros que tenemos los mejores cueros del mundo, las mejores carnes del mundo, los mejores frutos y semillas del mundo?, cuándo un fabricante y un vendedor de calzados podía vivir bien, progresar y ser reconocido por la comunidad. ¿Volverá la cultura del trabajo que desplace los malditos subsidios que solo sirven para el clientelismo y fomentar la vagancia y traer más pobreza?
El ser humano debe trabajar de lo que sea, siempre y cuando sea honesto para dignificar su vida y ser útil para sí y su familia y construir una sociedad mejor. Esperemos que nuestros gobernantes vuelvan sobre estos pasos y no hablen tanto de que estamos bien y que nuestra prosperidad no sea una mera sensación.
Dios bendiga nuestro territorio y nuestras familias.
Un servidor Charly Hernández
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