Hace casi dos años atrás estuve muy enfermo y a punto de morir. Un conjunto de excesos en la vida y un manejo de nervios internos me produjeron unas varices en el esófago que terminaron reventándose y casi me desangré. Esta triste situación produjo un clic en mi vida para entender que se puede ir a dormir sin pastillas ni alcohol.
Aunque en los primeros meses estuve bajo una serie de pastillas que reducen la ansiedad y el estrés, legó un momento que tuve que ponerme firme para poder dejarlas porque si no te transformas en un adicto a los ansiolíticos. Les puedo asegurar que no es fácil volver a la normalidad una vez que dejas de consumir ese tipo de pastillas, los nervios vuelve a funcionar con normalidad y las presiones de cada día golpean en tu mente y tu cuerpo los siente pero nada es imposible cuando le pone voluntad.
Traigo a colación este pequeño párrafo de mi vida porque la semana pasada el jefe de servicios de Adicciones de la Subsecretaría de Salud de la provincia, Fabio Fortuna, señaló que el consumo de tranquilizantes se ha extendido cada vez más. Aseguró que el consumo de benzodiacepina “se ubica en la tercera sustancia psicoactiva de mayor consumo, luego el alcohol y el tabaco, con el agravante que es una medicación que tiene que venderse bajo receta”.
El mayor consumo se da en mujeres mayores de 45 años índicos el funcionario. También compartió que el insomnio y los trastornos crónicos de ansiedad “son las indicaciones más frecuentes de esta medicación”. Algunas personas con estos síntomas están bien medicados pero otros están sobre medicados. Hay que recordar que lo único que se logra atacar con este tipo de medicación es el síntoma y no ver las causas.
Hay personas que necesitan de ayudas extras como psicólogos, religiones o simplemente ser contenidos en sus sentimientos por su grupo familiar. El guardar los problemas y no compartirlos puede ser un arma mortal y máxime si estos se mezclan con medicamento y alcohol. Personalmente , y volviendo a mi experiencia, pude superar este estado físico con ayuda profesional pero nunca tuve que recurrir a sentarme a un diván, quizás sea porque la mayor parte de mi vida la he pasado solo y tengo un alto porcentaje de autocrítica y no me siento muy bien contando todo lo que me pasa con personas que no conozco en demasía, pero si requerí de ayuda profesional para una cirugía y un posterior seguimiento de mis medicamentos que a esta altura ya mi cuerpo no los necesita y con cuidado espero siga así.
Todos estos problemas físicos mentales comienzan con los problemas sociales que cualquier persona pude tener. Los tiempos que estamos viviendo, la guita que no alcanza, los compromisos adquiridos que no podemos cumplir, los chicos que nos aparecen con sus complicaciones dentro de un sistema gubernamental que no siempre les brinda una contención y terminan en la droga o en el alcohol, un padre golpeador, la chica que amás que te dejó y así les podría nombrar un sinfin de situaciones por lo cual la mente se resiente y el cuerpo busca alivio en cosas que podrían ser peor. En nuestra localidad tenemos un alto índice de personas que se han quitado la vida por no soportar la situación por la que estaban atravesando.
Yo conocía a dos de ellas personalmente y si bien no me dieron ningún indicio, o si me los dieron no me di cuenta, siempre el común denominador para estas víctimas, de una mente suicida, es el haber estados sometidos a un profunda presión que después de haber probado con cosas que solo los aliviaba por un rato sacándolas de la realidad de la vida, la causa siempre sigue allí, solo palean el problema hacia adelante donde en algún momento lo tendrán que enfrentar. Este tipo de personas, quizás creyendo que tomando esta decisión de quitarse la vida, pensarían que podrían terminar con su dolor. Lo lamentable de este tipo de determinación es que solo producen más dolor aquellos que tienen la valentía de continuar a pesar de las adversidades, dejando de esta manera muchas preguntas y una autocondenación por no poder haber hecho algo más para salvar una vida.
Según las estadísticas casi el 60 % de las mujeres de entre 16 y 65 años alguna vez en su vida tomaron tranquilizantes, según revela la Encuesta Nacional sobre Prevalencias de Consumo de Sustancias Psicoactivas, elaboradas por la Dirección Provincial de Estadísticas y Censo de la Provincia. El estudio indica que en 2011, fueron 39.916 mujeres en esta franja de edad (59,8%) frente a los 27.932 de los varones (41,2%) que alguna vez ingirieron este tipo de sustancias. Cuando hablo de tranquilizantes lo hago en referencia a los medicamentos destinados a tratar los trastornos de ansiedad. Según esta encuesta la amplia mayoría de quienes consumieron tranquilizantes lo hicieron con indicación médica es decir un 90,2% frente a un 7,3% que lo hizo por su propia cuenta, es decir sin prescripción de algún especialista.
En tanto, el 2,5% restante señaló haber comenzado con el consumo con indicación médica pero luego siguió haciéndolo por su propia cuenta o por más tiempo del indicado. Si uno analiza los porcentajes del consumo de tranquilizantes se dará cuenta que aumento el consumo de esta sustancia sin prescripción médica. Una de las conclusiones que arrojó esta encuesta señala que es imperiosa la necesidad de disponer de una reglamentación más rígida y rigurosa que regule la venta de los tranquilizantes.
“Asímismo sería importante dar promoción a los programas de tratamiento paliativo existentes a fin de que se conozca dónde acudir en búsqueda de ayuda para disminuir el consumo”. La difusión de los efectos nocivos que generan cada tipo de sustancia, especialmente de consumo masivo, es fundamentar para prevenir la dependencia. El uso de estos medicamentos es bueno para lograr bajar el sistema de ansiedad en una persona pero si se abusa de ellos y se los consume por un periodo mucho más de lo prescripto deja de ser algo que les pueda ayudar.
Como les dije en algún momento es posible ir a la cama sin pastillas y sin alcohol para poder conciliar un buen sueño. Una mente más ordenada y saber que se puede buscar en especialista, si es que no lo podemos hacer por nuestra voluntad, ese picaporte que nos permita abrir la puerta a canalizar nuestros esfuerzos, para poder tomar las mejores decisiones en nuestra vida y por extensión para los que nos aman.
Los problemas cotidianos que nos abruman o los excesos de los placeres que la vida nos ofrece nos pueden llevar sobre un camino muy peligroso cuando no buscamos soluciones que nos encaminen de nuevo hacia el sendero correcto.
Un día me desperté y estaba en un hospital entubado por todos lados, hoy me levanto muy temprano por la mañana y veo como amanece en mi ciudad, que es tan hermosa, con sus miles de falencias, con gente buena y con gente mala, con mi mente despejada le doy gracias a Dios y comienzo la jornada, que para mi profesión por lo general es hablar de lo malo que le pasa a la gente cada día pero siempre trato de rescatar alguna cosa que pueda aportar o confrontar en el pensamiento para que haya un cambio, sean en los políticos o en las personas que influyen sobre otras personas, tomando ejemplos de esas grandes personajes algunos conocidos y otras no tanto pero siempre hay alguien que hace lo correcto y la diferencia en un mundo indisciplinado donde pensamos que la libertad es hacer lo que se nos canta y caemos en el libertinaje que termina destruyendo inclusive lo poco que hayamos construido.
Queridos amigos yo se que la experiencia no es una garantía de la verdad y cada persona es un mundo en sí mismo pero no estamos solos dentro de él. Tuve un maestro que una vez enseñó sobre la importancia de mi vida en los demás y la influencia que ella puede tener en un momento determinado. El nos decía “cuídame cuidándote” y después nos dio más herramientas para poder elaborar más pensamientos geniales.
No somos ejemplo de nada pero si estamos mirados por todos, por ese mundo circundante que nos rodea día a día entre los que nos aman y nos aprecian o nos odian y nos envidan nos movemos cada día, tratemos de tener una menta más fuerte, firme sobre convicciones, quieta para tomar determinaciones y tierna para acaricia los corazones que esperan algo de nosotros en tiempos de necesidad.
Un gran abrazo de este humilde servidor.
Charly Hernández
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