Por Marina Gutierrez
Hoy tengo la necesidad de contarles una parte de la historia de una de las personas que más amo en este mundo: ¡Mi Padre!
Durante mucho tiempo escribí estas líneas, una y otra vez y, nunca lograba terminarla para poder compartirla, con el objeto de honrar su memoria. Pero hoy siento que es el momento de contarles una parte de la historia de un hombre trabajador, quizás una pincelada, más subjetiva que objetiva. La historia de vida de un hombre honesto, trabajador, buena gente, vecino y ciudadano, para quienes lo conocieron: un buen amigo.
Si tuviera que hacer un retrato de su persona, diría que era un hombre alegre, al que le gustaban las fiestas, los cumpleaños. Si, yo creo que él era feliz y lo expresaba a su modo. Mi padre era el Sr. Roberto Emilio Gutiérrez, apodado el “Guty”. ¿Lo conocés? ¿Te acordás de él? Y si no lo conocías, te cuento quien fue este humilde hombre que tuvo siempre un gran corazón, una mano extendida para quien lo necesitara.
Mi padre llegó a esta ciudad en el año 1986, oriundo de Neuquén, en busca de trabajo e incentivado por su compadre. Por ese entonces, Roberto era padre de cuatros hijos y casado con la mejor mujer que existe, que es mi madre la Abu Dora, como la conocen. Al poco tiempo, logró entrar a trabajar para la Municipalidad como albañil. Y el 7 de abril de ese mismo año, mi padre nos trae a vivir a este lugar. (Aquellos que viven hace tiempo acá, conocen cómo era Rincón en esa época). Fueron años muy duros para mis padres, en parte para nosotros también. Mi hermana menor tenia 11 años y el mayor 16, empezamos a trabajar todos, incluida mi madre y, vivíamos en una pieza de 6 por 4 que alquilábamos en la calle hoy llamada Salta.
Por esos años, Rincón era un lugar poco habitado, sin calles, sin despensas y vivir era muy caro. Nosotros no teníamos familiares viviendo aquí, solo su compadre y familia. En ocasiones pasaba por nuestra casa un hermano de mi papá, que trabajaba en YPF, él nos ayudaba con mercadería. Era una alegría enorme cuando él llegaba no solo por su ayuda económica si no porque con su visita no nos sentíamos tan solos.
Muchas veces nuestra niñez se veía opacada por la necesidad de cosas simples como golosinas, juguetes, etc., cosas simples pero importantes para un niño o adolescente. Sin embargo, ante esta adversidad, todos unidos salimos adelante. Aquí conocimos mucha gente que hoy mucha de ella siguen caminando por nuestras calles y otras ya no están y perduran en nuestra memoria.
En la municipalidad mi padre, en ocasiones, por falta de personal trabajó en diferentes sectores pero siempre volvía a la construcción. En su tiempo libre se dedicaba a hacer trabajos de albañilería que le proporcionaron la experiencia necesaria y logró ser un albañil recomendado, buscado por mucha gente de este lugar.
Hoy al observar casas, paredones, construcciones que él hizo, veo a mi padre y veo el amor que él le tenia por su trabajo porque no había vientos ni sol ni frio que lo detuvieran , él subía su bicicleta y salía a cumplir con sus compromisos de trabajo. Y así vivió hasta el fin de su vida.
En el año 1998 yo me separé y me vine a vivir a la casa de mis padres que me demostraron una vez más lo que significaba para ellos ser padres y lo mucho que me amaban ofreciéndome un techo para mí y mis hijos. Yo tuve que salir a trabajar y así ellos se convirtieron en padres de sus nietos. Desde ese momento, vivo en su casa la que con mucho sacrificio construyeron, hoy situada en la calle Misiones.
Ahora viene lo más triste de esta historia. Hace unos años a mi padre se le declara la enfermedad conocida como diabetes, él ya estaba enfermo porque era alcohólico y por su problema con el alcohol no se cuido como debía y, fue decayendo con el pasar de los años. A fines de marzo de 2009, lo llevó al médico por unas heridas en sus pies, producto de su diabetes y me dan la peor de las noticias: mi padre había empezado a transitar su etapa final de vida, estaba agonizando, él iba a morir...! Ya no había vuelta atrás.
En ese momento queda internado en el hospital local y empezamos a vivir los momentos, más dolorosos de nuestras vidas, al ver cada día como la luz de su vida se iba apagando, fueron 33 días de agonía, dolor, pesar, incertidumbre, de preguntas sin respuestas y, también de desilusión por aquellos que no tuvieron el valor, gentileza o simplemente amabilidad por saber de él.
El 8 de mayo a las 18 horas camino a Neuquén mi padre partió!!! Ayyyyy
. qué dolor. Han pasado 3 años y se extraña, se necesita. Hoy solo me queda esperar y sueño con que volvamos a encontrarnos.
Esta es parte de la vida de mi padre de un gran hombre que con sacrificios y esperanza de una vida mejor para su familia eligió este pueblo, esta ciudad. En este lugar eligió dejar su huella de vida y, en parte, devolverle a este lugar en una forma todo lo que nos dio.
Aprovecho también para agradecer a todas las personas que de una manera u otra nos apoyaron a mi madre, a mis hijos y a mi, durante todo este tiempo al haber perdido a un ser tan amado.
A mi padre hoy en su memoria le dedico esta carta.
¡Un hombre simple!
¡Mi viejo el mejor!
Compartinos tu opinión