Edgardo Rodolfo Appon nació en San Carlos, provincia de Mendoza, a 106 kilómetros de la ciudad capital, el 11 de diciembre de 1970.
“Hice toda la primaria en un colegio privado de monjas, hasta que en el año 1982 mi viejo compró un terreno en Rincón, y al año siguiente arrancamos hacia acá. Él siempre tuvo la idea de venirse” cuenta Edgardo.
Cuando su familia arribó a Rincón de los Sauces su padre trajo un karting de Mendoza y Carlos Parada tenía otro más. Gracias a ellos se inició el tema de karting en Rincón de los Sauces.
“Cuando llegamos, en Rincón no había nada. Los lugares de diversión eran videos, confiterías donde pasaban películas, tenias para tomar algo y los bailes en las tertulias. Un tiempo después pusieron el primer boliche, que estaba a cargo del fallecido
Roberto Krammer. Después no había mas nada, era dar una vuelta y se terminaba Rincón”, confiesa el hombre de 40 años.
Agrega Appon que Rincón en esa época era todo de tierra y la última calle era la Belgrano, donde está el cementerio. “Todo era muy chiquito, estaba sólo el barrio de la escuela 300”.
Además cuenta que comenzó el secundario en la ciudad, en la escuela 238, y solo existía el primer, segundo y tercer año. “Cuando empecé el secundario habían chicos mas grandes, así que no quería saber nada. Por eso abandoné”.
Junto a su padre Rodolfo Victorio Appon, su madre Alejandrina Luna y sus dos hermanas arribaron a Rincón con el propósito de instalar su propio taller. “Mi viejo era chapista, hacia chapa y pintura”.
“El año en que llegamos estaban haciendo la avenida que va hacia el barrio YPF. (Av.30 de Octubre) El intendente era Gajewski y nos dio una mano, junto al secretario de Obras Públicas, Oscar González, quien nos mandó el camión volcador de la municipalidad para montar el galpón, no me olvido más".
Rodolfo aclara que todo el galpón en el que está su taller lo trajo su padre de Mendoza. “Acá conocí la pala”, dice en tono risueño. “Tuvimos que trabajar mucho, emparejar el terreno y hacer albañilería, lo hacía después de ir a la escuela”.
“No terminé el secundario, allá en Mendoza fui a un colegio privado de monjas, y empezar primer año acá con chicos mas grandes, pibes chicos éramos pocos, era de noche, no quise saber más nada, así que abandoné y me puse a trabajar”.
Llegó el tiempo del amor y Edgardo conoció a Viviana Vázquez, su pareja de siempre. “Yo tenía 15 y ella 18 años. Me gustaba y empezamos a hablar hasta que nos pusimos de novios, en la casa de una amiga suya. Hasta el día de hoy nos aguantamos. Tenemos dos hijos: Carolina de 13 y Lautaro de 8”.
Con respecto al taller mecánico que tiene en la actualidad, Appon cuenta: “antes teníamos con mi viejo una camioneta de transporte, la tratábamos de llevar. En la época, mala, allá por el 96 cuando hubo un párate, empezamos a perder las camionetas. Perdimos 4 y quedamos laburando con una sola. Tuvo que entregar todas las camionetas y arrancar de cero”.
“Luego mi viejo se enfermó y agarré el taller. Trabajamos con mecánica, chapa nada, porque no me gustaba. Hasta el día de hoy todo el laburo que tengo es gracias a eso. Después me afirmé con el taller y tres o cuatro años después me pude comprar el auto de carrera”.
Appon dice que empezó a correr con su pareja, Viviana. “Ella fue mi copiloto durante 4 años, le encantan los autos”, relata. “Cuando decidimos correr en auto, ella me impuso correr conmigo. Al principio era algo familiar que nos encantaba a todos, pero un día nos dimos cuenta que era algo inalcanzable, recuerdo que ella sacó un préstamo para comprar un motor, cuando vi eso dije: No, estamos locos”.
“Entonces le planteé que dejáramos de correr un año para agrandar la casa. Y no corrimos más, aunque no pierdo la esperanza de volver a correr, aunque sea una carrera más con ella”.
“Hay que tener mucho dinero para mantener un auto, así que se lo vendí a un amigo mío, que es Beltrán. Yo le seguí atendiendo el auto y hemos hecho un buen equipo, todavía le hago la mecánica. El nuestro es un grupo de amigos que comparten la pasión por los autos”.
Edgardo se confiesa hincha de Boca, siguiendo la tradición de su padre. En cuanto a su filiación política, cuenta que cuando tenía 18 años era amigo del hijo de Don Aurelio Rodríguez, quien fuera intendente por el MPN y que se afilió al partido provincial aunque nunca militó. “Yo a la política la miro desde afuera”.
Luego, cuando nació su hijo Lautaro, y gracias a su amistad con “Pelusa” Torres quien es el padrino de su hijo, se afilió al justicialismo cuando éste se presentó a unas internas partidarias. “Pero nunca milité en realidad”, aclara.
“Mi hobbie son los autos, los fierros. He tenido la suerte de correr en auto, y que autos preparados por mi hayan ganado carreras, como el auto de Beltrán. Esto es un equipo, no sólo cuenta la pericia del chofer sino el auto que le entregás a él para que pueda correr”.
También cuenta que le gusta muchísimo pescar. “En los primeros días de enero me voy a las puertas de Barrancas, a lo de un puestero amigo. Voy dos o tres días y que me sirven para desenchufarme de todo el mundo, sin celular ni radio, sin nada en realidad”.
Preguntado por cómo era Rincón de los Sauces antes, Edgardo dice que ha cambiado mucho. “Ahora cualquiera viene a Rincón. Antes había que estar acá. Ha crecido muchísimo la ciudad. Es impresionante. Antes estaban todos los terrenos abiertos y no había ningún robo, vos podías dejar tu camioneta abierta, ahora hay que tener muchos mas cuidados”.
“Son los riesgos que ocurren cuando crece un pueblo. A todo pueblo le hace bien crecer pero tiene esos riesgos. En la época que vino mi viejo, trajo un camión con acoplado y trajo ladrillos. Todo para instalarse, con algo firme en la ciudad. Ahora yo he visto parejas que han venido con familias que han venido a buscar trabajo y se largan a la aventura: un bolso, colectivo y se la juegan. Y se la juegan mal”.
Edgardo cuenta que hace 8 años tuvo la posibilidad de irme a España e Italia, gracias a la descendencia de sus padres. “Lo único que me frenó fue mi hija. Yo le decía a Viviana: uno se la puede bancar estar dos o tres días sin comer, pero cuando llevás una criatura yo la pienso mil veces. Por eso no me fui de Rincón, además mi viejo ya está acá, falleció hace cinco años y yo no me voy más”.
“Acá tengo mi casa, el taller, ya heché raíces. En Mendoza tengo muchos parientes y fui el año pasado, hacía 10 años que no iba”.
En cuanto a las anécdotas, Appon recuerda cuando compró su primer auto de carrera: “Me lo compré en Neuquén y me vine andando hasta acá. Me lo compré un jueves, y el viernes tenia la carrera en Rincón. Estaba contento y con miedo, fue para participar en el primer Rally de Rincón, allá por el año 2002.
“Me acuerdo que tenía miedo de no defraudar a mi viejo, a no desempeñarme bien, porque a la carrera va gente conocida, de pronto estás con el auto para largar y decís: ¿En qué lío me metí?, ¿Con qué necesidad?”.
Edgardo subraya que los fierros son su pasión. “He hecho cosas locas como trabajar todo un viernes hasta las 5 de la mañana, cargar el auto e ir a General Roca a correr. He llegado a la largada y estar todo un día sin dormir, tiritando por el cansancio que teníamos, pero son cosas que a uno lo gratifican”.
Otra de sus pasiones es su taller mecánico. “Muchos se ríen, yo le digo a mi empleado que mi viejo siempre me está ayudando, porque hacés cosas que no te imaginás que vas a hacer y sin embargo las hacés bien”.
“Por ejemplo, ahora muchos autos son electrónicos y yo he arreglado autos sin escáner. Detectaba una falla con intuición o pensando: deber ser esto que anda mal, ir, probar, y el auto arrancaba”.
“Ahora, a partir de diciembre, tenemos nuestro propio escáner y todo es más sencillo. No sé cómo hacía, pero detectaba las fallas sin el escáner.
Siguiendo con el trabajo, Edgardo recordaba que su padre trabajaba de lunes a lunes. “Eso era muy agotador. Yo el sábado a las 8 de la tarde, me voy y no trabajo ni domingos ni feriados. Aprovecho esos días para descansar y estar con la familia”.
Appon dice que ya lleva trece años con su taller y que por él han pasado varios empleados que incluso han entrado en las petroleras. “Yo le he enseñado a mucha gente, varios empleados que he tenido todavía vienen a tomar mate”.
En cuanto al futuro de Rincón, Edgardo desea que los que gobiernen brinden alternativas de educación terciaria para los más jóvenes. “Sería lo mejor que hubiera un nivel terciario acá. Porque muchos padres no pueden mandar a estudiar afuera a sus hijos, ojalá eso se pudiera concretar en algún momento”.
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