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Historia

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¿Cómo llegó a Rincón Joaquín Villar?

Llegó en 1970 y fue empleado de Pedro Sánchez en su estación de servicio. Sueña con que Rincón crezca con la mina de potasio y haya más trabajo para todos.
Darío Hernán Irigaray
Por Darío Hernán Irigaray

Joaquín Villar, nació en Buta Ranquil el 22 de septiembre de 1954 y llegó a Rincón en el año 1970, cuando un amigo lo fue a buscar hasta su tierra natal para que se viniera con él a trabajar a esta zona, “en donde ya había mucho trabajo”.

De familia muy humilde, Joaquín fue abandonado por su padre y creció con su madre. Cuando cumplió diez años, comenzó a buscar trabajo para ayudar en su casa y desde entonces no se detuvo más.

“Tenía 16 cuando me vine para Rincón. Justo antes de eso, el director de la escuela de Buta Ranquil me había conseguido trabajo para que picara leña en la zona, pero me gustó más la oferta de mi amigo y nos vinimos para Rincón”.

“Los caminos eran intransitables y cuando llegamos acá no había nada. Enseguida, conseguí trabajo en la estación de servicio de don Pedro Sánchez”. Como se recordará, don Pedro había llegado en 1969 y había instalado la primera estación de servicios en la ciudad, que se encontraba ubicada en cercanías del campamento de YPF.

“Yo era el que descargaba el surtidor y viví los primeros tiempos de Rincón. Era la primera estación de servicios y trabajábamos 24 horas. Había cuatro surtidores: dos de gas oil, uno de nafta super, otro de común y un tanque grande que repartía los combustibles y era manejado por Sánchez”, cuenta Joaquín.

Villar agrega que estuvo un tiempo en la estación y luego se fue de Rincón por un año. “Estuve un par de meses en Catriel, luego en Cutral Có, hasta que me llamaron para hacer el servicio militar y tuve que irme a Neuquén”, cuenta.

Joaquín dice que tiene un gran recuerdo de Pedro Sánchez y su señora, quien fuera maestra en el pueblo. “Yo no tenía documentación y ella me enroló a los 18 años, porque también fue Juez de Paz. Recuerdo que tuve que viajar a Cutral Có para sacarme la foto y volver acá, para terminar los trámites”.

Cuando finalizó la conscripción, regresó a Rincón de los Sauces y, fiel a un estilo de vida basado en el trabajo, comenzó a trabajar en la construcción de cañerías, haciendo zanjas para petróleo. “El trabajo se hacía a pala”, recuerda. Al finalizar con esa obra, consiguió otro empleo como chofer en varias empresas petroleras.

A los 27 años, Joaquín Villar conoció a su compañera de toda la vida, Rosa Leonor Cabrera, también oriunda de Buta Ranquil. “Hace 29 años que estamos juntos”, cuenta y agrega que tienen cinco hijos: Oscar Alberto, de 28, Susana de 25, Sandra, de 22 y dos seguiditos, de 17 y 16 años.

También agrega que tiene dos nietas, hijas de Susana: “Mili y “Lulu”, que son la alegría de todos los días.

En toda su larga y vasta experiencia laboral en Rincón de los Sauces, Joaquín realizó innumerables tareas y en empresas de renombre como Sade y Alessi, entre otras. En ellas fue chofer y mecánico.

A partir de los 90, Joaquín Villar comenzó con Eduardo Sireix y bajo la gestión de Eduardo García como intendente justicialista, a trabajar en las mejoras en el barrio de La Costa.

Joaquin Villar fue presidente de la primera comisión barrial del barrio y una persona muy preocupada por las cuestiones sociales. “Comenzamos a ayudar a los chicos en el fútbol, formamos equipos, conseguimos indumentarias y organizamos partidos para todos”.

Además, comenzaron a trabajar para poner el gas, en la zona en donde se encuentra ubicada la plazoleta de Rita Guzmán. “Primero hicimos un obrador con Juan Tapia y comenzamos a trabajar para conseguir el tendido de gas para el barrio”.

“Luego que terminamos con el gas y el fútbol, se nos dio por hacer el saloncito de la costa para todos los vecinos. En un primer momento pensamos en una sala de primeros auxilios, pero el Negro Sireix decía que fuera primero un salón comunitario, para juntarnos, para hacer las reuniones del barrio”.

Para juntar fondos, comenzaron a realizar bailes y eventos, más la venta de empanadas. “Juntamos unos pesos, unos ladrillones, unos fierros y Eduardo García, que era el intendente de ese entonces, nos dio una mano con lo que faltaba”, recuerda Villar.

Joaquín sostiene que en aquellos tiempos se podían hacer más cosas. “Yo trabajaba en las empresas y todos te daban una mano con lo que podían. Ahora parece más difícil, en aquel entonces sentías que podías hacer lo que te propusieras”, aclara.

Joaquín Villar sostiene con orgullo que durante estos 40 años que ha vivido en Rincón de los Sauces ha ido viendo como se levantaba el pueblo. “Por ejemplo, te puedo contar que yo ayudé a colocar los postes de luz, que van desde el Concejo Deliberante hasta la Plaza, yo fui viendo como crecía esta ciudad”, dice.

Villar es un hombre que tiene mucha aceptación entre los vecinos y genera mucha confianza. Es una persona que le pone el hombro a todo y cree en el esfuerzo y el trabajo comunitario.

Es por eso que a nadie le sorprende que sea el responsable (hasta que se conforme la comisión vecinal correspondiente) del Salón Comunitario, del barrio La Costa, prestado en la actualidad al hospital para el funcionamiento del centro de salud.

En el presente, Joaquín Villar trabaja en el basurero municipal, desde 1996, cuando logró entrar a la municipalidad y se encarga de ordenar, en la medida de lo posible, el basural.

Preguntado por la gestión de Hugo Wernli, Villar sostiene que “no es buena, yo veo que está todo mal. No sé si es porque hay un tema económico de fondo o no, pero el municipio está muy mal. Como empleados, cobramos tarde y no a término. Por ejemplo, el mes anterior cobré el día 14”.

Pero no es sólo el sueldo, Joaquín sostiene que a veces tampoco cuentan con los recursos para el normal funcionamiento de su lugar de trabajo. “Yo a Wernli lo conozco y lo saludo. Es una muy buena persona, pero su gestión no es la mejor”, afirma.

“A veces no tenemos elementos de limpieza. También sería muy importante contar con cosas indispensables como herramientas o no tener que andar reclamando muchas veces para que te vengan a soldar una puerta que estaba rota o mejorar la seguridad del lugar. Acá ya robaron, en diferentes oportunidades, 4 garrafas, 4 inodoros, 4 lavamanos, incluso me llegaron a arrancar la ventana”, sostiene Joaquín.

En otro orden y fiel a su costumbre de ayudar a los demás, Joaquín no le impide el acceso a personas que vienen a revisar la basura para intentar ganarse la vida, buscando cartones o rescatando lo que consideren de valor. “Acá veo cualquier cosa, hay algunos que comen de la basura, otros que te tiran los perros recién nacidos en el basural, una barbaridad”, asegura.

En cuanto al futuro de Rincón, Joaquín Villar, está muy esperanzado con el proyecto de Potasio Río Colorado. “Creo que, si nos ponemos firmes, le puede dejar muchos beneficios a nuestra comunidad”, concluyó.

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