María Avelina Ibarra, mas conocida como María, es una antigua pobladora de Rincón de los Sauces y ya desde sus años mozos sentía una extraña conexión con esta tierra. Hija de Luzvenia Matus y Raúl Ibarra, nació en Andacollo el 14 de enero de 1963, residiendo en esa ciudad hasta los 19 años.
En aquella localidad del norte neuquino cursó sus estudios primarios pero debió abandonar la secundaria para ayudar a sus padres para subsistir. “Ellos no tenían un sueldo fijo. Mi papá cuidaba animales y mi mamá era costurera. Como éramos 9 hermanos, a los 12 años empecé a trabajar”.
“En aquellos tiempos era costumbre trabajar cama adentro, como se dice, cuidando chicos y haciéndote cargo de una familia cuando los patrones trabajaban.”
María trabajó hasta los 19 años, hasta que se pone de novia y queda embarazada de su primera hija, Rocío, quien vive en la actualidad en Rincón de los Sauces. “Allí fue cuando mi mamá se enfermó de reuma y mi hermana mayor decidió, llevarla a Cutral Co. Yo la acompañé con mi hija y seguí trabajando en Cutral Co hasta que cumplí 21 años”.
Es en ese momento María conoció a quien fuera su esposo por 20 años: Simón Lucas Gilavert, quien trabajaba en Seguridad Nacional de YPF. Con Simón, tuvo seis hijos: Rocío Valeria de 28 años, su hija de corazón que la registró con su apellido, Mariana Elizabeth, de 24, Mariano Ignacio de 22, Raúl Francisco de 20, Enrique Simón de 16, Victoria de los Angeles de 15 y Eliana Soledad de 12 años.
“A Simón lo conocí trabajando en los contratos de YPF, cuando me mandaron a trabajar a un sector en que eran todos hombres. Al principio empezamos a conversar, el era separado desde hacía 4 años y todos le decían Pa. Me llevaba 30 años, cuando me junté con él yo tenía 21 y el 49”.
Avelina cuenta que la primera vez que escuchó el nombre de Rincón de los Sauces fue a los 11 años, cuando su padre le contaba que él hacía el recorrido a caballo. “Ellos cuidaban animales por esta zona, incluso por el Auca Mahuida y Cortaderas. En casa, en 1978, se escuchaba mucho el nombre de Rincón porque teníamos un hermano que trabajaba acá”.
En el año 84 María y su marido, Simón Gilavert, se trasladan a Rincón de los Sauces. “Nos fuimos allá por la ruta vieja. El lugar estaba desolado. Llegamos, estábamos un mes y luego nos íbamos. Volvíamos cada tres meses a Rincón, hasta que en 1987 nos radicamos. Pero la primera vez que lo pisé fue en 1984”, aclara.
“Acá había pocas casas y mucha gente: Donde se encontraba el campamento de YPF estaba el comedor de El Patagón y don Cayupán daba las vianda a la petrolera. Acá en Rincón dejé de trabajar y me dediqué a mi familia”.
La vida de María transcurrió con su familia, hasta que en el año 2002, su marido sufre un ataque de presión, producto de un derrame cerebral. “Era el 7 de diciembre de 2002, se descompuso y se fue yendo. Se le empezó a poner el cuerpo duro, yo llamé urgente a Germán, el chico de la farmacia para que le tomara la presión, me llamó un remisse y nos trasladamos a Neuquén. Falleció el 10 de diciembre de 2002. De ahí en adelante seguí sola con mis hijos”.
“A mí la vida me tocó así”, dice y agrega que vivió del alquiler de un salón y reconoce también la ayuda de familiares y amigos. Luego tramitó la pensión de su marido y eso ayudó a paliar la situación económica.
En la actualidad, María está con cuatro de sus hijos y en pareja con Luis Alberto Tapia, desde hace 6 años, con quien tiene un hijo, Guillermo Sebastián, que lo tuvo a los 43 años.
También tiene seis nietos. “Rocío tiene dos, Sebastián y Carla, de 12 y 9 años; Mariana tiene a Elías Ezequiel de 4; Mariano a Juan Ignacio, y Luquin, que nació enfermito y sólo vivió un año y medio, por problemas en los pulmones. Ahora, está esperando otro que viene en camino”, cuenta María.
Entre sus hobbies, se encuentra la cocina. “Todo lo que sea a base de, harina y conservas que hago para mí. Me encanta hacer tortas fritas, pan dulce, empanadas, asado, todo para la casa”.
Hubo un año que con uno de sus hijos hicieron el “lechón móvil”, cocinaban un lechón en un carro y vendían rifas. “Así juntábamos plata para la biblioteca, las cooperadoras de las escuelas. Incluso participé en política, en el Movimiento Popular Neuquino”.
“Hoy a la política la veo mala, no debería ser para llenarse los bolsillos. Quiero que los políticos trabajen para la gente, que para eso los votó. Yo siempre anduve luchando por muchas cosas, por la escuela 238, por la técnica actualmente, por los bomberos, por un hospital de mayor complejidad. Yo creo que Rincón de los Sauces se lo merece. Pero llega un momento que te cansás porque no ves que no te dan bolilla y ahora, a fines, de 2010, te palmean la espalda y te buscan, y te prometen una educación, justicia para los abusos y para las madres solteras”.
María afirma que le preocupa mucho la falta de contención a la juventud.”Hace falta mayor recreación para los jóvenes. Hoy pareciera que el entretenimiento es ir a dar vueltas a la plaza y sólo se abren cabarets, boliches, casinos, pero tendría que haber algo más para la familia, como un cine”.
Entre algunas de sus anécdotas, María recuerda una del “lechón móvil”, cuando hicieron una rifa en apoyo al CPEM 24 y la ganó ella. “Yo volví a donarlo y otro señor hizo lo mismo con una damajuana de vino. Cuando dijeron María Ibarra, no lo podía creer y lo distribuimos entre todos los que habían participado”.
El Rincón de los primeros años está muy presente en María. “Cuando yo llegué, Rincón era muy chiquito. La última calle era la Río Negro y luego todo médano. No estaba definido ni el zanjón y en la plaza había montículos de tierra. Estaba el barrio de salud que está sobre la calle San Martín y la diagonal 9 de julio no existía, mientras la calle Chos Malal era la ruta.
“Los vientos eran hermosos, corrían unos cardos y parecía el lejano oeste. Recuerdo una vez que salimos de YPF, habíamos ido a ver una película a un cine que había llegado y cuando salimos afuera, estaba todo cubierto de arena, no se veía nada”.
En cuanto al futuro de Rincón, María añora como tantos la obra de asfalto. “Acá tendría que estar todo asfaltado y si llueve mucho se llena todo de agua, incluso en los 90 se nos inundó la casa”, dice a modo de cierre.
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