Rubén Cuadrado nació el 8 de marzo de 1966 en Córdoba capital, ciudad en la que residió hasta que terminó el secundario y dejó el suelo natal para buscar nuevos horizontes. Como tenía unos primos que vivían en la ciudad de Centenario, decidió trasladarse junto a sus hermanos hasta esa localidad neuquina.
“Mi primer trabajo en esta provincia fue en la construcción de una escuela. Allí trabajé con todos mis hermanos y después los tres entramos a la Policía, en el año 1986”.
En esta institución Rubén estuvo 3 años y medio. “Primero fui agente y luego ingresé a la Escuela de Cadetes, pero no la terminé, cuando me faltaban cuatro meses para recibirme de oficial, me cansé y largué todo, volviendo a ser nada más que agente”, recuerda.
Es en la escuela cuando escucha por primera vez el nombre de Rincón de los Sauces. “Tenía un compañero, que era agente como yo, que también se había retirado de la escuela y de castigo lo habían enviado para acá”.
Como entre ambos mantenían contacto, su amigo le sugirió que viniera para esta zona porque cobraba muy buenos adicionales. “Al abandonar la escuela de cadetes me preguntaron adonde quería ir: les dije Rincón. Pase por logística, retire la ropa y el armamento, me dijeron. Y acá llegué.”
Era el mes de mayo de 1988, cuando Rubén Cuadrado llegó por primera vez a Rincón de los Sauces. Allí siguió trabajando como policía y parte de sus adicionales los realizaba en la vieja sede del Banco Provincia.
Fue entonces cuando el amor golpeó a su puerta y conoció a María Teresa Tralma, una joven que trabajaba en el sector recaudaciones de la municipalidad. “Yo ahí hacia adicionales y ella venía a hacer los depósitos todos los días, ya la venía mirando”, dice.
María Teresa acababa de egresar del secundario ambos se conocieron en la fiesta de egresados de ella. “Mucho gusto, yo soy tu príncipe azul, le dije cuando me la presentaron”, cuenta Rubén. Así fue como quedaron en juntarse en un local nocturno que estaba ubicado en la calle Salta.
Volvieron a verse en enero, cuando María Teresa regresaba de su viaje de egresados a Rincón y Rubén subió con su uniforme de policía, en el cruce de Añelo y Chañar. Desde entonces comenzaron a salir juntos.
La pareja disfrutó de unos tres meses de noviazgo y el 21 de abril de 1989 se casaron en Rincón de los Sauces por civil y en Córdoba por iglesia. La vida les dio dos hijos: Ramiro de 26 y Ruth Gisell, de 19 y a quien le dicen “Yesi”.
Rubén se siguió desempeñando un tiempo más como policía hasta que en agosto de 1989 renuncia a la fuerza, a pedido de su mujer. Entonces comienza a trabajar en Sade, en el sector de personal como administrativo.
Poco a poco, comienza a acercarse al Partido Justicialista y es así como integra la lista de concejales en las elecciones comunales que llevarían a Eduardo García como intendente.
“Desde ese momento es que estoy en el Concejo”, afirma y desliza una frase de quien fuera, para muchos, el mejor intendente de Rincón de los Sauces: “Eduardo era un hombre del pueblo, él no tenía problemas con nadie, por eso lo quería tanto la gente”.
Como tantos justicialistas, Rubén sintió mucho la pérdida de García, quien perdiera la vida en un trágico accidente automovilístico, poco tiempo antes de las elecciones de 1995.
“En la gestión de Macchi, yo fui Subsecretario de Economía. Yo creo que ésa no fue una mala gestión sino que nos tocó una época muy difícil. El petróleo no valía nada y encima fue el tiempo del problema del agua”.
Cuadrado hace alusión al mes de marzo de 1997, cuando la población vio azorada como el agua que salía de la red estaba contaminada con hidrocarburos.
En ese tiempo, la movilización del pueblo y los cortes de ruta lograron que se firmara un acuerdo con Respol YPF, para realizar la obra de agua. Para septiembre del mismo año, las petroleras YPF, Mexpetrol, Perez Companc y San Jorge invirtieron unos 2 millones de dólares e inauguraron la obra que toma el agua de dos pozos filtrantes de 12 metros de profundidad y a 50 metros del río Colorado, para luego pasar por una planta de cloración.
Siempre militando en el Partido Justicialista, Rubén fue asesor de Aldo Rafael Trujillo durante sus dos gestiones y luego integró nuevamente el bloque cuando Moya, Correa y Anaya, fueron concejales del PJ, durante la primera gestión de Omar Rueda, del MPN.
“Entonces fue cuando pasé a planta permanente del Concejo, como secretario parlamentario”, afirma Cuadrado.
Más allá de la política, que es una pasión irrenunciable para Rubén, en su tiempo libre ha realizado algunos talleres de calado en madera. “Empecé con eso por una cuestión terapéutica, como soy un tipo que acumula situaciones de nervios y no descarga tensiones, hubo una época en mi vida en que me agarraban convulsiones”.
En cuanto al futuro de Rincón, Rubén sueña que va a seguir creciendo. “Quiero que sea una ciudad pujante, que podamos tener el asfalto, que es algo que nos merecemos como rinconenses, por todo lo que se llevan de acá y le aportamos a la provincia y a la Nación”.
“Mi deseo personal es que mis hijos crezcan en esta tierra. Ojalá que nunca me tenga que ir de esta tierra. Yo soy rinconense y acá me voy a quedar”, afirma a modo de cierre.
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