Termina el año, llega uno nuevo, los amigos y compañeros de trabajo deciden juntarse para festejar y brindar. La excusa puede ser un buen chivo al asador, un lechón, o un buen costillar que algún conocedor sabe conseguir.
Los asados que se hacen periódicamente durante el año también deciden festejar, quizás con alguna copa de champaña o rica sidra.
Rincón es un lugar donde no hay muchas cosas para hacer, y luego de una semana de trabajo, una salida a una reunión con amigos es la excusa perfecta para distender la mente, jugar al truco, compartir la actualidad y tomar unos tragos.
Y entre esas excusas para pasar un buen momento se encuentra el asado de los jueves, un lugar donde el compartir una comida y jugar al truco es sinónimo de camaradería.
“Nuestra reunión comenzó a fines del año 96, como una actividad de un grupo de amigos y partir de ahí se fue incrementando. Hay muchos que se fueron y otros que están desde el principio. El asado es sagrado y nunca dejamos de hacerlo. Al principio, si corría viento, poníamos chapas alrededor o si llovía le hacíamos un techo provisorio, ahora no hace falta contamos con un espacio cerrado”, contó alguna vez de los fundadores, Juan Carlos Alé.
Desde entonces, esta tradición no ha sufrido variaciones y es el momento ideal para que un grupo de amigos se junten y disfruten de un agradable momento y puedan desenchufarse de las obligaciones de la semana.
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