Encabezados por Cristina Winkler y Josefa Anaya, los dos frentes que lucharon por la presidencia del partido justicialista de Rincón de los Sauces, pusieron sus locales partidiarios, salieron con bocinas a recorrer la ciudad y pintaron decenas de paredes pregonando por su candidatura.
El día de la elección llegó y Cristina salió triunfante obteniendo el preciado cargo por la presidencia del partido en Rincón de los Sauces. Josefa logró muy pocos votos aunque especulaba con tener un gran electorado.
Varios meses después, luego de la contienda, las calles quedaron pintadas y nadie se acordó de dejarlas como estaban.
No dudaron en manchar las paredes de escuelas, comercios y hasta el mismo cementerio.
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