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Cuando la muerte se convierte en un trabajo

Ángela Mesa es la encargada de los sepelios en el municipio de Rincón de los Sauces y en esta nota explica un poco su labor. Cómo es su contacto con la muerte, un trabajo que pocos o casi nadie quiere hacer.
Darío Hernán Irigaray
Por Darío Hernán Irigaray

Si bien parece acostumbrada a realizar este trabajo, le cuesta un poco hablar de él. Ángela Mesa, además de ser la Directora de Desarrollo Social del municipio de Rincón de los Sauces, es la encargada de realizar los trámites de los sepelios en la ciudad: desde “preparar” un cuerpo hasta el papeleo necesario que da cuenta de los fallecidos en la ciudad.

“Mi trabajo es uno que muchos no quieren hacer. Yo hago todos los trámites. Me llaman a cualquier hora, a veces me ha pasado que suena el teléfono a las dos de la mañana y tenés que levantarte para cumplir con tu tarea. Entonces yo busco al personal que me acompaña y nos vamos a trabajar”, dice.

El personal que acompaña a Ángela Mesa en esta difícil tarea está compuesto por el chofer del coche de servicio fúnebre, Raúl Gallego, y Victoria Valdivia, de maestranza. Entre los tres llevan a cabo esta penosa y difícil tarea.

Ángela aclara que “en general, los cuerpos se retiran del hospital o de la clínica petrolera, de la morgue y tenemos que vestirlos. A veces los dolientes no quieren vestir a sus familiares, menos cuando viene en mal estado o tuvo un accidente o que falleció de una enfermedad Terminal. Entonces lo hacemos nosotros, tenemos que arreglarlo, peinarlo, que quede bien, una vez que lo hacemos, lo llevamos a la sala. Otras veces también me encargo de maquillarlo”.

Mesa reconoce que éste es un trabajo que nadie quiere hacer y agrega que ella lo hace porque cuando estuvo trabajando para la policía como fotógrafa, hizo cursos en varias morgues, en donde se encontró con apuñalados o ahogados.

“Yo tuve que hacer todos esos cursos, yo saco fuerzas de eso, para poder trabajar ahí. Éste es un trabajo en el que podés llegar a enfermarte. De sólo pensar que vos te encontrás con un cadáver que le hicieron una autopsia y sabés que lo tenés que vestir, tenés que ver todo como está, es necesaria mucha fuerza para hacer una cosa de ésas”.

También aclara que muchas veces cuenta con la colaboración de los enfermeros del hospital o de la clínica y la ayuda inestimable de Gallego para poner los cuerpos en el cajón.

“Hay oportunidades en que la persona esta muy hinchada, tenés que cortarle la camisa, ponerle otra cosa, que la persona quede vestida. Cuando los cuerpos vienen de Neuquén, los traen envueltos en una bolsa de nylon o a veces los traen sin refrigeración, en verano. Hubo algunos que los llevamos directamente al cementerio, a enterrarlos”, dice.

Otra de las tareas de Ángela es asistir a los familiares de los deudos, para colaborar en todo lo que le sea posible en ese difícil trance. “Yo me quedo con ellos, con la familia por si necesitan algo y a lo mejor me voy a descansar a las dos de la mañana y a las 8 estoy de nuevo ahí. Me ha pasado que me han llamado porque han surgido algunos problemas como que se hinchó el cuerpo, que se le abrió la boca o abrió los ojos, son momentos muy difíciles, pero alguien tiene que hacerlo”, agregó.

En otras oportunidades, cuando los cuerpos vienen muy golpeados, se velan a cajón cerrado. También le ha sucedido que los fallecidos no tienen familia y han tenido que velar el cuerpo unas horas. “Por ejemplo, cuando velamos al señor que mató a Chirino, estuvimos yo, el chofer y un policía, durante seis horas y luego lo sepultamos”.

Luego reconoce que uno de los peores momentos es cuando se muere un bebé. “Hay casos que son difíciles. Bebés que han llegado en un canastito y hay que ponerlos en un cajón. Eso es por ahí donde a uno más le duele y trato de estar con los familiares, me acobijo al lado de ellos para ayudarlos, porque sé que han perdido un ser querido”.

La parte final de su trabajo consiste en llamar al soldador que suelda el cajón y llevarlo al cementerio, en donde se hacen todos los papeles con la oficial público, Rosina Sanchi de Arana, responsable del Registro Civil de Rincón de los Sauces, ya que todo debe quedar correctamente asentado para poder sepultar un cuerpo en el cementerio.

“Éste es un trabajo ingrato, pero alguien tiene que hacerlo y por ahora lo hacemos nosotros. En la actualidad estamos insistiendo para ver si hay alguna posibilidad para poder tercerizar el servicio de pompa fúnebre”, concluyó Ángela Mesa.

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