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¿Cómo llegó a Rincón María Teresa Tralma Millareal?

Llegó en el año 1972 y es una de las primeras empleadas municipales de la ciudad. Quiere que la gente embellezca más la localidad y que haya más oportunidades de trabajo para todos.
Darío Hernán Irigaray
Por Darío Hernán Irigaray

María Teresa Tralma nació el 5 de diciembre de 1965 y llegó a Rincón cuando tenía 6 años. “Nosotros vinimos a la casa de mis abuelos, con mis papás. Mi padre era Levio Tralma Millareal y mi mamá María Concepción González”, afirma al inicio de la charla.

“Cuando vinimos acá demoramos como 15 horas para llegar a Rincón. El camino era un desastre, todo de piedra, recuerdo que nos vinimos en un camión con casi nada: colchones, frazadas y otras cositas, llegamos a la casa de mis abuelos Tapia, de acá, de la zona.”

Los abuelos de María Teresa eran Rita Guzmán y Luis Tapia. En su casa estuvieron unos meses hasta que sus padres consiguieron trabajo y pudieron alquilar una piecita en la zona de la costa.

“Esto ocurrió en los comienzos de 1972 y nuestra casa era de adobe. El pueblo todavía no existía y se desarrollaba en la ribera del río. Toda la gente que vivía en la orilla era en su mayoría puesteros. Luego estaba el campamento de YPF”.

María Teresa recuerda que la escuela funcionaba en el campamento y que se daba clases en unas casillas de madera. “Allí termine mi primer grado, luego, ya en segundo, ingresé a la escuela 238”.

“Una de las cosas que me dolió fue que no hayan dejado parte de ese colegio como un monumento histórico, ya que cuando construyeron el nuevo establecimiento, tiraron todo abajo y no dejaron nada”, sostiene.

María Teresa terminó el primario y se fue un año a estudiar afuera, a Cinco Saltos, estuvo poco tiempo y regresó a Rincón de los Sauces, a trabajar en la cafetería de YPF, hasta que el 1 de marzo de 1983 ingresa a la municipalidad de Rincón de los Sauces. Tenía 17 años.

“El 1 de marzo del 83, empecé en la municipalidad, en el gobierno de facto de Hugo Gili. Me tomaron por una semana a prueba para ser telefonista, teníamos un teléfono grande con una manija, era el único teléfono que había en todo el pueblo”.

“La gente venía, quiero hablar a tal número y vos llamabas por operadora, le pedías el número con el que te querías comunicar a tal lugar y la persona hablaba en una cabina que había. Después te daba el tiempo, nosotros cobrábamos por pulso, multiplicábamos los pulsos por lo que teníamos que cobrar”, cuenta María Teresa

En ese sector estuvo cerca de un año y luego fue peregrinando por diferentes dependencias de la municipalidad. También, en ese año de 1983, María Teresa comienza a realizar su colegio secundario, que funcionaba a la noche, en la escuela 238.

De aquellos tiempos del secundario, y de las anécdotas que se pueden contar, María Teresa recuerda cuando le sacaban el zapato a la profesora de Matemáticas y Química, Mónica Carnevale. “Ella se sentaba a explicarnos y se sacaba el calzado, nosotros se lo sacábamos y lo empezábamos a pasar; lo escondíamos en los bancos y cuando se iba a ir, se desesperaba por encontrar su zapato, mientras el otro profesor estaba en la puerta, esperando para entrar a clase”, cuenta con picardía.

En el año 1988 y cuando estaba a punto de egresar del colegio secundario, María Teresa conoce a su compañero de ruta, Rubén Cuadrado. “Él había llegado hacía poco tiempo a Rincón y lo conocí organizando nuestra fiesta del secundario”.

Eran los primeros días de diciembre de 1988 cuando, buscando un fotógrafo para su fiesta de egresados, sus compañeras le presentan a Rubén. “Él era policía y justo salía de la comisaría, que funcionaba en donde se encuentra Casa de Cultura en este momento. Mucho gusto, yo soy tu príncipe azul, me dijo. Iba con una ollita a comprar su comida”. Ambos tenían 22 años y el flechazo fue mutuo.

“En ese momento no le dije nada, me causó gracia. Luego nos juntamos en el boliche. Él había ido acompañado pero terminó la noche bailando conmigo”, afirma María Teresa.

“Yo recuerdo que decía que en mi viaje de egresados a Córdoba, me buscaba un cordobés y me casaba, siempre lo decía, sin saber que Rubén era cordobés”, afirma. Y cuando ella regresaba del viaje de egresados en colectivo, Rubén Cuadrado subió en el cruce de Añelo y Chañar. “Nos saludamos y a los pocos días empezamos a salir”.

Era enero de 1989 y Rubén pensaba irse en marzo a Neuquén capital para completar los 3 o 4 meses que le faltaban para recibirse de oficial ayudante, pero Teresa no quería saber nada con ello.

“Cuando llevábamos dos meses de noviazgo, el me pidió casamiento y acepté, pensando que me lo decía en chiste. Cuando vuelvo del trabajo mi mamá que me dice: con que te vas a casar y no dijiste nada, él ya había ido a hablar con mi mamá. Yo me enteré por ella que me iba a casar”.

La pareja contrajo matrimonio el 21 de abril de 1989 por civil en Rincón de los Sauces y luego en Córdoba, por iglesia, lugar en donde estaba la mayoría de los parientes de Rubén. En agosto de 1989 y a pedido de su mujer, Rubén dejó la policía.

La vida les dio dos hijos: Ramiro de 26 y Ruth Gisell, de 19 y a quien le dicen “Yesi”.

María Teresa es una de las empleadas más antiguas de la municipalidad, contando con el legajo número 005. “Luego de mi paso como telefonista me trasladaron a la administración general y en el mes de diciembre del 83 inició su gestión Enrique Gajewski”.

Fue en ese momento cuando se diversifica la administración pública y se crean diversos departamentos en el municipio. “Primero crearon el departamento Recaudaciones, luego Economía y Personal. Yo quedé a cargo de Recaudaciones, como Jefa del Sector y estuve 8 años y medio allí. Luego me enviaron a cargo del Personal”, agrega María Teresa.

En esa división, Tralma estuvo unos 9 años hasta que con el cambio de gestión de
Omar Rueda, decide renunciar y pedir un cambio de sector. Entonces estuvo un año como secretaria de gobierno de Mario Orozco y luego en Acción Social, hasta que le dijeron que “como era justicialista”, no podía seguir en ese puesto.

“En ese momento me agarré bastante bronca porque, independientemente de mi ideología política, yo era empleada municipal y llevaba muchos años en la municipalidad. Nunca me habían dicho algo así”.

“Me fui de gobierno con una notita en la mano al municipio porque quedaba a disposición de recursos humanos, a cargo de Claudia Malaspina, en ese entonces, quien me preguntó adónde quería ir. Entonces me fui a la Dirección de Ingresos Públicos con María Raolín”.

En ese sector, en donde se realizan los convenios de pago por las deudas de los contribuyentes, estuvo unos 4 meses trabajando y luego las dos fueron trasladadas para hacer un relevamiento de todo lo que era expediente de tierras.

“Relevamos cerca de 600 expedientes y nadie se preocupaba si trabajábamos o no, si hacíamos algún expediente o si no lo hacíamos. Nadie se preocupaba si faltábamos, nadie se aparecía por la oficina nuestra. La gente de tierras se enojó mucho con nuestro relevamiento porque sólo el 1 por ciento estaba en condiciones, el resto eran un desastre”.

Era septiembre de 2002 y tanto a Tralma como a Raolín les molestaba que nadie se interesara en lo que estaban haciendo. “Encima nos estábamos ganando enemigos. Luego ella vuelve a la Secretaría Técnica y yo a Cultura, para trabajar con Silvia Gamboa, como secretaria”.

“Esa tarea la tomé como un desafío y luego de aclarar ciertas cosas con Silvia, estuvimos trabajando juntas hasta diciembre de 2007, cuando ingresa Gabriela Sánchez”.

Pese a ser del mismo partido político, María Teresa sintió que la dejaron de lado. “Yo pasé de tener un montón de trabajo, de estar siete horas a full y a veces más, pase a prácticamente no hacer nada. Gabriela tenia otra manera de trabajar a la que yo no estaba acostumbrada y entonces pedí el cambio de sector, porque me dolían mucho las manos”.

Como le dieron a elegir, decidió estar cerca de su hermana, Claudia Tralma, en el sector contrataciones de la municipalidad que depende de la subsecretaría de Compras. “Estoy ahora con Sandra Sánchez y hacemos todo lo que es licitaciones públicas y privadas, concursos de precios y contratos. También ayudamos a completar algunos expedientes, notas de invitación, tanto a los proveedores como a los funcionarios que van a estar presentes en una de las licitaciones”, cuenta.

María Teresa ama su trabajo y se nota cuando habla de él, pero tanto esfuerzo le ha hecho mella en sus manos y sufre del llamado compresión del túnel carpiano, una dolencia en las manos que se produce a partir de tipear tanto tiempo en máquinas de escribir. “No me quejo, igualmente estoy muy conforme con todo lo que he realizado”, agrega.

“Anécdotas tengo miles, pero en este momento recuerdo la vez que una señora alternadora vino a realizar su libreta sanitaria y me dijo que tenía 45 años, pero al ver su documento, me doy cuenta que tiene unos 60. ¿Cuántos le dije yo?, me retrucó. Se conservaba muy bien”, dice.

En cuanto al futuro de Rincón, María Teresa dice que le gustaría que se le diera más importancia al tema de embellecer la ciudad. “Yo veo que la gente no se preocupa. Ni siquiera planta un árbol en su casa. Quisiera que cuiden más los árboles que están en los boulevares. Por otro lado, mucha gente que viene de afuera no le importa nada Rincón, le importa conseguir un trabajo y llevarse la plata a otro lado, no invertir”.

“A mí me indigna que digan que es un pueblo de mierda, si es así ¿por que no te vas al tuyo? Yo amo Rincón y me da mucha bronca cuando la gente habla así. Me gustaría que lo aprecien más, que lo quieran más”, dice emocionada.

También dice que le encantaría que los chicos tuviesen más posibilidades de conseguir trabajo y no que terminen un secundario y no sepan qué hacer. “Sería ideal que se hiciera algo para que los chicos estudien acá. Que las empresas que vienen no piensen en tomar gente de afuera y les den prioridad a los chicos de Rincón. Incluso en el municipio hay muchísima gente que viene de afuera y tenemos chicos de acá que no tienen trabajo”.

“Eso me molesta mucho, si se hacen tantas gestiones para hacer una campaña política, se podrían hacer gestiones para conseguir cosas para los chicos. Hay pocas alternativas para hacer, excepto algo de deportes”.

Por último, María Teresa agrega que desearía que hubiese más camiones para el riego de las calles. “Es algo fundamental en la ciudad, pero por sobre todo, desearía que haya mas fuentes laborales. Aquí el costo de vida es muy alto y necesitamos que la gente se gane el pan dignamente”, concluye.

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