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¿Cómo llegó a Rincón el matrimonio Tapia-Bustillo?

El amor a primera vista y el apoyo incondicional de Elena fue lo que los trajo a Rincón de los Sauces para que hicieran de esta tierra, su lugar de vida. Padres de una familia numerosa, aseguran que Rincón tiene un gran potencial más allá del petróleo e imaginan una ciudad con más chacras y dedicada al turismo, gracias a sus riquezas paleontológicas.

Elena y Pascual se conocieron en Neuquén, en 1986. Él hacía poco tiempo que había llegado desde Córdoba y le bastó verla en una heladería para enamorarse de ella. Al día siguiente la invitó a salir y antes del mes, estaban conviviendo juntos.
Eli, como le dicen sus amigas, nació en Cinco Saltos el 9 de abril de 1958 y además del amor que construyen todos los días, comparte con Pascual la fecha de nacimiento, quien nació también un 9 de abril, pero de 1964.
“Lo nuestro fue atracción total”, apunta Elena. Pascual agrega que “en realidad yo fui a una heladería a verle las piernas a su prima y me encontré con ella. No la debo haber mirado muy bien porque se levantó y se fue.
Tuve que correrla casi hasta la esquina hasta que la convencí para que tomara un helado conmigo. Al otro día la invité a tomar algo y ya nos hicimos inseparables. Al mes estábamos viviendo juntos”
La pareja Tapia-Bustillo tiene 6 hijos: Gabriela de 28 años, Juan Daniel de 24, María Elizabet de 21, quien fuera elegida como reina del hombre petrolero en el 2003, Ariel Emiliano de 19, Luciano Emmanuel de 17 y Julieta de los Milagros, de 9 años. Sus hijos le han dado 5 nietos: Brisas, Valentín, Jazmín, Lautaro y una nena, estos últimos hijos de Juan Daniel, que vive en el sur.
Elena parece más impulsiva y Pascual un poco más tranquilo. Ambos aseguran que esa diferencia es la que los hace inseparables. Durante los primeros años de casados, la pareja y sus hijos vivían en Neuquén, enfrente del moderno Hospital Heller, que ya estaba en construcción. Elena se abocaba a la familia y Pascual trabajaba en Entre Lomas, en cercanías de Catriel.
Es en ese momento en que ambos escuchan por primera vez el nombre de Rincón de los Sauces y a Pascual le ofrecen quedarse en Catriel o irse para Rincón. “Me pidió elegir a mí y yo, por una cuestión familiar, elegí Rincón, cuenta Elena.
Eli es pariente de los primeros Tapia, antiguos puesteros de la zona. “El abuelo Tapia”, como ella le dice, era Lucho Tapia, tío de su padre y uno de los primeros puesteros de Rincón. “Cuando yo llegué, él tenía 90 años y por suerte alcancé a conocerlo. Falleció dos años después”.
La pareja llegó a la ciudad el 25 de febrero de 1997 y fueron recibidos por Hugo Wernli, que trabajaba para Perez Companc y les dio la bienvenida. “A mí me encantó la plaza y eso que los árboles no tenían la magnitud que tienen ahora. Ese detalle le sorprendió mucho a Wernli”, recuerda Elena.
”Nosotros nos vinimos desde Neuquén a Rincón con un Torino anaranjado, con cinco niños. El más grande tenía quince años y el menor 5, empezó el jardín de infantes acá”, cuenta la pareja.
Pascual es analista de sistemas y llegó a la ciudad para encargarse del sector de informática en Puesto Hernández. Había nacido en Concordia, Entre Ríos y vivido hasta la adolescencia en Huerta Grande, Córdoba, lugar en donde su padre fue intendente, en 1977.
Luego de terminar la secundaria se fue a estudiar a Córdoba Analista de Sistemas. Se recibió y consiguió un trabajo en un estudio de arquitectura que realizaba planos para la ciudad de Neuquén. Comenzó a viajar para la capital neuquina y desde el gobierno provincial le ofrecieron hacerse cargo de un centro de cómputos en una fábrica, puesto que aceptó. “Así la conocí a Eli”, dice.
“La primera casa que nos dieron acá en Rincón fue una casa ubicada sobre la calle Neuquén, una especie de vagón prefabricado que para mis hijos era algo extraordinario, ya que cada uno tenía su propia habitación”, cuenta Elena.
En la actualidad, Elena se encarga desde hace unos tres años de la organización de eventos, tales como desayunos, cenas románticas y armado de mesas, mientras que Pascual es el encargado de la gestión de comunicaciones de Petrobras, en Puesto Hernández. Su tarea es encargarse de todo aquello que sea operativo a nivel de oficinas, como por ejemplo las comunicaciones, el seguimiento de contratos a proveedores y cualquier problema en el sistema operativo o redes internas.
Una de las particularidades de esta pareja es que se casaron tres veces. La primera, luego de tres años de convivencia fue en Neuquén y lo hicieron por civil, en 1989.
El segundo casamiento fue en la época que Pascual trabajaba en Entre Lomas, cerca de Catriel y lograron casarse un 24 de diciembre, en un templo evangelista. Ya en Rincón de los Sauces tuvieron contraer matrimonio otra vez pero bajo la iglesia católica, para el casamiento de su hija mayor.
Cuando les pidieron los papeles que certificaban su unión, les anunciaron que para la iglesia católica no servía el casamiento concretado en la iglesia evangelista. “¿No es el mismo Dios? Sí, pero los papeles son distintos”, contestaron las monjas. Y tuvieron que casarse de nuevo. “Iba a ser un secreto, pero se enteró todo Rincón y nos hicieron una gran fiesta”, recuerdan.
Una de las anécdotas risueñas que ambos recuerdan fue cuando, luego de una discusión familiar normal, él salió para Puesto Hernández a trabajar. Para hacerla sentir mal le dijo “no vaya a ser cosa que me pase algo y no me veas nunca más”.
Ya en horas del mediodía se entera que se estaba produciendo el primer corte de Rutas en Rincón de los Sauces y estuvo tres días encerrado en su trabajo, hasta que se levantó el corte de ruta. “Te dije que no iba llegar”, le dijo a Elena cuando se reencontraron.
Pascual y Eli están muy conformes con su vida en la ciudad. “Rincón nos encanta y siempre nos protegió muchísimo, sobre todo en tiempos difíciles. Cuando el país estaba convulsionado, acá estábamos en paz, bien cuidados, seguros”, agregan.
La pareja piensa que a la ciudad le falta que la gente sea un poco más consciente y deje algo de lo que tanto se llevan de la ciudad. “Hay que plantar árboles, arreglar la ciudad, mejorarla entre todos”, dice Eli.
“Yo creo que acá hay un potencial muy grande, hasta estamos más cerca de Buenos Aires si hubiera caminos adecuados. Hay que empezar a explotar el tema del turismo, Rincón podría ser una ciudad de paso para el norte neuquino y Chile”.
“Habría que ir pensando una reconversión económica para cuando se acabe el petróleo. Creo que podría llegar de la mano de la agricultura y el turismo paleontológico. Yo imagino a esta ciudad rodeada de chacras. Además, por nuestra ubicación geográfica, estamos cerca de todos lados, habría que apuntar el desarrollo de pueblo en ese sentido”, concluye Pascual.

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