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¿Cómo llegó a Rincón Alejandro Cano?

Sus padres llegaron a Rincón antes de que sea fundada la ciudad y exista el barrio privado de YPF, donde actualmente tiene su casa. Fue vendedor de ramos generales, sereno en Puesto Hernández, tractorista, concejal, y encargado de las plazas de la ciudad.

Alejandro Cano nació en Cinco Saltos el 18 de mayo de 1938, tiene 70 años. Vivió en el Alto Valle hasta alrededor de los 28 años, cuando decidió acercarse hasta la zona de Rincón de los Sauces, el hogar de sus padres. “Vine porque mamá era nacida y criada acá y como dice el dicho: la cabra al monte tira”, dice risueño.
“Esto era todo desierto, no había nada cuando llegué”, recuerda. Transcurría el año 1966 y Alejandro arribó a estas tierras con un camión 350 colmado de mercaderías para vender. Llegó con unos amigos, “Patojo” Asad y David Morales, con la idea de probar suerte en la zona.
Don Alejandro cuenta que era muy difícil llegar porque los caminos eran intransitables. Estuvo un tiempo yendo y viniendo del Alto Valle, hasta que decidió quedarse. Por entonces, ya se estaban realizando los primeros estudios de sismografía en la zona y se tenía casi la seguridad de que había petróleo. Uno de sus primeros trabajos es en “Sismográfica”, una empresa que estudiaba el suelo. “Primero se encontró petróleo en Chivato luego en Puesto Hernández”, asegura.
Llega el momento del amor y conoce a Rebeca Lara, su compañera de toda la vida con la que se junta primero y luego se casa, en Centenario. La pareja tiene 4 hijos “todos nacidos y criados en Rincón”.
Doña Rebeca cuenta que “los tres primeros nacieron en mi casa”, al cuidado de las matronas Doña Lidia y Doña Rita Guzmán Tapia. El primero en nacer fue Reinaldo Esteban, en 1967, le siguió la primera de las mujeres, Erica Alejandra, en 1970, luego llegó el turno de Alejandro, en 1971 y finalmente Carolina Vanesa, que nació en 1985. La familia Cano cuenta con orgullo que tienen 9 nietos, tres de cada uno de sus hijos, Esteban, Erica y Alejandro, que disfrutan mucho de su compañía y de la vida familiar.
“Yo tengo 60 años, nací acá y me casé. En Rincón había 5 puestos, vivíamos de los animales y la chacrita que tenemos”, dice Rebeca y recuerda que cuando era chica los vehículos que traían mercaderías paraban en el terraplén, tiraban una bomba de estruendo que retumbaba en el río y todos los pobladores de la zona ya sabían que había un camión ahí. Se juntaban los burros e iban a buscar las mercaderías. “Sino, mi papá iba a Buta Ranquil y traía la mercadería para todo el año. Así se vivía acá”, afirma.
De la época de radicación definitiva del campamento de YPF, en 1968, Alejandro recuerda que se hacían partidos de fútbol, carreras de caballos, sobre todo con Buta Ranquil. También se realizaban bailes en la noche, todo dentro del campamento de YPF.
Cuando se consolida el campamento de la ex empresa estatal de petróleo comienzan las presiones para echar a los puesteros de la zona. Los primeros apercibimientos fueron verbales y Alejandro recuerda con amargura esos momentos: “cuando el camión de YPF se quedaba varado en la zona de El Chañar, los puestos colaborábamos con papas, cebollas y alimentos, nosotros los asistíamos y nos querían echar”, afirma.
Don Alejandro muestra una carta fechada el 23 de agosto de 1973, cuando YPF lo intima a retirarse de su tierra. “Si no es por Don Felipe, que venía de Chos Malal, y se hizo una escapadita hasta acá, me echan”, dice.
El interventor del pueblo era Horacio Oviedo y le comentó a Felipe Sapag de la situación. Cano afirma que Don Felipe habló con el jefe del campamento de YPF y le dijo: “a la gente no me la saca de acá” y al sargento de policía le dijo:” si usted recibe una nota de desalojo, la tira al tacho de basura”, sostiene.
“Es por eso que hoy en día estamos viviendo dentro del campamento” y reconoce que esta situación todavía le trae problemas porque “como le dicen privado, a veces no nos quieren dejar pasar”.
Por suerte para él, un jefe de área de YPF, Oscar Rato, “un gran hombre”, le alambró el lote y eso le dio cierta tranquilidad, aunque a veces piensa que todavía pueden echarlo de la zona. Cabe recordar que su casa está ubicada a pocos metros de la pista del aeropuerto dentro del barrio privado de YPF.
Alejandro Cano cuenta que siempre tuvo la chacra y que para vivir hizo de todo. “Primero fueron changas, un negocio de ramos generales y sereno, en 1972, en Puesto Hernández.” Luego ingresa en la empresa Alessi como tractorista, donde hacían los pozos para las cañerías de petróleo. Como ésta empresa era sub contratista de las petroleras, estuvo varios años haciendo ese trabajo ya que “se terminaba un contrato y teníamos otro enseguida”.
Cuando llega la democracia, es elegido concejal en el gobierno de Alfredo Gajewski, cargo que ocupó durante 7 meses, hasta que decidió renunciar porque “las cosas no andaban muy bien” y porque no le daba el tiempo, dice sin ahondar en detalles.
Como siempre fue un hombre ligado a la tierra, en 1998, con la gestión de Carlos Macchi, fue placero y encargado de mantenimiento en la zona del aeropuerto y otros espacios verdes en el pueblo. Luego de una fuerte neumonía que casi se queda con su vida, se jubila en el año 2003, se dedica a su familia, a disfrutar de sus nietos, y al cuidado y mantenimiento de su chacra.
Alejandro no es muy optimista en cuanto al futuro y dice que faltan buenos gobiernos que se dediquen a Rincón. “La comunidad tiene que cuidar lo que tenemos, si nosotros no cuidamos, ¿qué podemos esperar a futuro?”, se pregunta.
No es sólo eso, a Cano le preocupa seriamente la juventud y dice que los jóvenes salen descontrolados de los boliches y andan a altas velocidades por la ciudad, “es una locura”. “Falta educación y respeto”, concluye.

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