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Un recorrido por la capital nacional de la energía

Un cronista de este diario hizo un primer viaje a la ciudad y estas son algunas de sus impresiones.

Por Velcha

Arribé a la localidad en una 4x4, como para no desentonar con el ambiente. Una vuelta por la plaza y calles aledañas, las únicas con asfalto, me dieron la sensación de haber llegado a un sitio en donde todo está por hacerse todavía, pese a que la localidad ya cuenta con 37 años de vida.
A excepción del hipermercado que se ubica a unas calles del centro de la ciudad, el área comercial parece estar reducida alrededor de la plaza y otras pocas cuadras. Los edificios que rigen el funcionamiento de una sociedad (Comisaría, Municipalidad, Concejo Deliberante, Juzgado de Faltas y el nuevo Juzgado Multifuero) se encuentran ubicados a poca distancia entre sí y son pequeños, en contraste con la sede del Sindicato de Petróleo y Gas Privado, que cuenta con un gran edificio, como para dar por sentado que la localidad se mueve a su ritmo y a los vaivenes de la economía mundial.
Rincón de los Sauces es una tierra de trabajo. Está rodeado de bases petroleras y su vida parece estar ligada a la extracción del crudo, pese a que todos los pobladores aseguran que Rincón no va a perecer cuando se acabe el petróleo. La ciudad cuenta con un nutrido parque industrial en donde se encuentra la mayoría de las empresas que extraen las riquezas de la provincia y dejan pocas o escasas regalías para la localidad.
Me sorprendió el local del casino y la cantidad de cabarets con que cuenta la ciudad, aunque supongo que es una ecuación fácil cuando hay mucho dinero circulando y pocas alternativas de diversión.
Alguien me recomendó dar un paseo por la zona de la Costa, lugar de los pobladores más antiguos. Familias de trabajo, muchos que llegaron en busca de un sueño, para hacer unos pesos y volverse a sus lugares de origen. Pero se fueron quedando, e hicieron de este lugar, su lugar en el mundo. Son hombres de manos callosas, de porfía y esperanza los que aseguran que Rincón no se va a terminar cuando se termine el petróleo. Y son los más castigados por la falta de obras públicas cuando llueve torrencialmente o se quedan sin suministro de agua potable durante horas, hasta días.
En la capital nacional de la energía, la gente está desanimada. De algún modo, la crisis reinante aplaca los ánimos y hace temer por el futuro. Pero desánimo no es derrota. Estos pobladores saben de adversidades y quizás por eso no bajan los brazos, tienen el espíritu curtido ante lo desfavorable y saben que Rincón es un buen lugar para vivir.

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