Irma del Carmen Carreras tiene la mirada propia de los que se han esforzado mucho en la vida, algo que parece una constante de los habitantes de Rincón de los Sauces. Nació en Coyuco, plena cordillera neuquina, el 20 de diciembre de 1951, lugar del que se fue a los 6 años porque no había escuelas, ni transportes y “hacía 59 kilómetros a lomo de burro”, nos cuenta.
Su primer destino fue la ciudad de San Rafael, Mendoza, en donde estudió hasta los quince años y luego partió hacia Buenos Aires, a seguir la carrera de chef. El apego a la tierra en la que nació, la llevó a trabajar en la escuela de Coyuco como docente especial en conservación de alimentos.
En ese tiempo conoció a quien sería su compañero de toda la vida, Luis Peralta, con el que tuvo 4 hijos: Natalia Magaly, Luciana Lorena, Emilia Emilse y Luciano Alfonso. La pareja se radicó en Peñas Blancas, Río Negro y Luis consiguió trabajo en Catriel como mecánico, en la empresa Quitralco, mientras su mujer trabajaba en Acción Social, asistiendo a 21 chicos desnutridos. “Llevaba a todos los chicos a dedo, dos veces por mes a Catriel, al hospital. También les enseñaba a cocinar”.
Irma afirma con orgullo que luego fue la primera Comisionada de Fomento de Peñas Blancas. “Las primeras casas del gobierno se hicieron bajo mi gestión, lo mismo que el Salón de Usos Múltiples, la oficina de la Comisión de Fomento y la casa de los maestros, en la escuela 119”.
Su voz se emociona al decir que “en esa época, mandé muchos chicos a estudiar de policías y de enfermeros, para que tuvieran una ocupación. También formamos un equipo de fútbol para los más chicos. Incluso pudimos llevarlos de viaje, para que conocieran el mar y Bariloche.”
Fruto del trabajo y el esfuerzo, llegaron a tener unos 300 vacunos en Peñas Blancas, con muchas hectáreas de campo de secano, pero un día su esposo sufrió un accidente en la empresa y lo tuvieron que operar de la columna y como volvió a trabajar muy pronto, tuvo una recaída.
Luego de su estadía en Peñas Blancas, Irma y Luis se fueron a vivir a Barrancas. Si bien el primer destino era Cholila, en Chubut, donde habían conseguido una estancia para llevar los animales, el viaje no se pudo realizar porque se prohibió el paso de animales y entonces decidieron mudarse a Barrancas.
“Allí pusimos un restaurante pensado para el turismo llamado Puerta Norte, con tanta suerte que la ruta se hizo por otro lado y la gente no pasaba por ahí. Un fin de semana vinimos a pasear acá, nos gustó y nos quedamos. Con lo que vendimos allá, compramos el terreno y nos instalamos definitivamente en Rincón el 26 de junio de 2002.”
Cuando llegó a Rincón de los Sauces, la idea era instalar un criadero de lechones y trajeron unas 10 cerdas. Compraron un terreno en la zona de la costa, que era todo monte y espinas y luego de un trabajo duro, lo convirtieron en su hogar. Su esposo ya había tenido dos operaciones más de columna y su salud no mejoraba. Además, era depresivo fóbico e hipertenso, pero ninguno de los dos se acobardaba ante las adversidades.
“Mi primer trabajo en Rincón fue en el Hotel Express”, cuenta Irma. “Luego trabajé en la parrilla “Raíz Criolla”, de Donato Soto. En el verano, estuve trabajando unos meses en la escuela, en Coyuco. Trabajaba 20 días por diez de descanso. Mi esposo estaba solo con mi hijo y comenzó con el tema de los cerdos. También tuvimos gallinas, pero al final decidimos dedicarnos sólo a los cerdos.”
El emprendimiento de Irma Carreras se llama “Establecimiento Luciano” y lo hace conjuntamente con su hija, Luciana Peralta. La familia se dedica al criadero intensivo de lechones. El marido de Irma falleció hace nueve meses y ambas mujeres se unieron para continuar con el sueño de Luis y entre las dos faenan y hacen todas las tareas necesarias.
Un día típico de trabajo comienza a las seis de la mañana, cuando aclara, para alimentar a los animales. “Es muy sacrificado, no hay días colorados, se trabaja todo el año”, cuentan las mujeres. “A veces se hace más difícil, sobre todo en la época de parición de las cerdas porque si es invierno, tenemos que estar con luz, un termo de café, trapos secos, esperando que la chancha termine de dar a luz, secar el lechón y ponerlo a mamar.”
Además del criadero de lechones, Irma y Luciana tienen dos pasiones: las plantas y las carreras de caballos. El año pasado hicieron una huerta para consumo personal y cultivaron zapallos, sandía y tomates hasta el mes de mayo.
Tienen dos caballos de carreras y han participado en varias competencias. “Lo lindo es que se junta toda la familia, se hace un buen asado y se pasa un buen momento, que en definitiva es lo que te queda.”
Irma dice que ama a Rincón y que si sale afuera por unos días, enseguida quiere volver. “Rincón es bueno, es un lugar para vivir bien. Yo creo que trabajo hay, incluso nosotras damos trabajo a otra persona, que viene a limpiar la casa y a planchar. A veces me molesta escuchar por la radio que piden colchones o zapatillas y nosotras no conseguimos gente para trabajar.”
“Me parece que se le da mucha prioridad a la gente que viene de afuera, a mendocinos y bolivianos. Mi hijo es soldador y se tuvo que ir a trabajar a Catriel porque acá no conseguía trabajo”, comenta amargada.
Para esta luchadora mujer, Rincón no se termina con el petróleo pero reconoce que hay dificultades. “Las escuelas son un desastre, no tuvieron clases durante mucho tiempo y ahora los apuran con los finales. Y no es que yo no comprenda que los maestros tienen derecho a reclamar, pero me parece que primero está el derecho de los niños. Yo antes, en tercer grado, sabía lo que los chicos saben ahora en sexto”, afirma.
“Rincón ha crecido mucho en estructura, por eso es que no hay escuelas, ni bancos para los alumnos, que van a sorteo para ver si les toca turno mañana o tarde. Creo que los gobernantes no estaban preparados para el crecimiento que tuvo Rincón.”
Entre los momentos ingratos que le ha tocado pasar en la ciudad, Irma recuerda una fuerte tormenta donde el cañadón lindante a su casa se desbordó y arrasó con todo: parras, gallinas, lechones. “Era cerca de la 1 y 30 de la mañana y tuvimos que evacuar la planta baja de la casa, todos para arriba. Veíamos pasar por el cañadón partes de autos y tambores. La gente tira cualquier cosa y al venir la tormenta, se tapa y se desborda”.
“Mi casa salió en la televisión, porque el gobernador Sobisch estuvo ahí en la puerta. Prometió 8 millones de pesos para gavionar el cañadón, como está en Chos Malal, pero nunca se hizo nada. Sería bueno que lo arreglaran de una buena vez para no tener que padecer otra tormenta.”, recordaba con tristeza.
Otro problema constante en la zona es el de la provisión de agua potable, ya que en los días que hace calor, no hay agua por la tarde y tienen que esperar a que llegue la noche, para ver si se llenan los tanques, incluso han llegado a estar varios días sin agua.
En la actualidad, Irma recibe de parte de la municipalidad el camión con chofer para que vaya a buscar el alimento para los cerdos a Neuquén, que paga ella. “Conmigo el intendente se ha portado muy bien, sobre todo cuando falleció mi esposo. Pero creo que no sabía en dónde se estaba metiendo cuando asumió”, completó.
Irma Carreras y su hija Luciana Peralta, dos mujeres con una vida dedicada al trabajo y el sacrificio, llevan adelante con gran esfuerzo el criadero intensivo de lechones y aseguran que cuenta con una clientela selecta, “siempre tenemos cuatro o cinco lechones en el freezer y trabajamos todo el mes. Rincón es bueno, es un lugar para vivir bien.”
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