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¿Como llegó a Rincón Gerardo Opazo?

"Rincón me lo ha dado todo", dijo al ser entrevistado. Aunque viajó por diversos países, compartiendo diversas culturas, siempre volvió a su ciudad y en esta ocasión nos cuenta su historia.

Gerardo Opazo nació en General Roca el 5 de octubre de 1956, ciudad en la que residió hasta 1976, cuando llegó a Rincón de los Sauces y comenzó a realizar trabajos temporarios.
En el año 1988 se radicó definitivamente en la ciudad, cuando fue contratado por la Empresa Román, una firma de Servicios de Cargas Pesadas, dedicada al transporte de equipos de perforación.
Transcurría el año 1991 cuando Gerardo se independizó y comienza a prestarle servicios a Subpetrol, una empresa brasilera con la cual parte hacia el país carioca, luego de separarse de su primera mujer.
Estuvo en Brasil durante seis meses cambiando el voltaje de unos equipos de perforación, ya que en el vecino país, los equipos tenían 110 voltios y en Argentina era necesario que tuvieran otro voltaje. “Había que transformarlos a 380 para que vengan a trabajar a esta zona. Me acuerdo que eran los años de la primera Guerra del Golfo y en la zona de Rincón de los Sauces, en Lomitas y Los Chihuidos se explotó muchísimo durante esos años.”, afirma.
El trabajo con la empresa brasilera estaba llegando a su fin cuando Gerardo vio un circo que se estaba instalando en la ciudad de Sarmiento, un puerto muy grande de Brasil y habló con el encargado.
“Por qué hice eso?, porque de chico tenía la ilusión de vivir en un circo. Me acuerdo cuando llegó a General Roca el conocido circo Real Madrid o el famoso Ringling Brothers, que era una parte del circo norteamericano. Cada vez que llegaba uno a la ciudad, no íbamos a la escuela, nos hacíamos la rata e íbamos a ayudar a armarlo. Luego llegábamos a la casa, en horario en que uno llegaba siempre y después de comer, volvíamos al circo a ayudar”, cuenta entusiasmado.
Y conversando con el encargado, Gerardo le comentó que reparaba generadores de luces. “Mire nosotros tenemos un generador acá que es nuevito, lo compramos en Venezuela y luego de un mes se descompuso y no le damos en la tecla”, le dijeron. Opazo lo revisó, encontró el desperfecto y lo puso en funcionamiento. Y lo contrataron. “Pruebo uno o dos meses y vemos”, les contestó. Se quedó tres años, como encargado de mantenimiento.
El circo era italiano y se llamaba Orlando Orfei. Era un circo con movilidad propia, con una flota de 62 camiones Scania y un parque de diversiones que se llamaba “La ciudad mecánica”, un parque móvil que recorría el continente americano, haciendo escalas de 15 o 20 días en diferentes sitios. Así conoció Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, hasta Méjico.
Entre los recuerdos más gratos de esa experiencia, se encuentra una travesía que comenzó en el río Negro, en la parte sur de Colombia y llegó hasta Bahía, en Brasil. Cuenta Gerardo que recorrió 3700 kilómetros en balsa, con todo el circo completo en 4 balsas gigantes. Navegó 43 días por el Amazonas y se abastecía cada tanto, sobre todo en poblaciones pequeñas, casi todas indígenas. “lo tomé como experiencia, fueron tres años en que me dediqué a viajar y conocer. El circo es el único trabajo que te permite conocer gente, culturas. Encima te pagan”, afirma.
De regreso en la Argentina, Opazo volvió a General Roca y luego se trasladó a Chile a buscar a sus padres, que se encontraban en el país trasandino por asuntos familiares.
“Y resulta que me enamoré de mi segunda señora, Eva del Pilar, y me fui quedando. Me casé allá, mis padres se vinieron y tiempo después ya me vine con tres chicos, y volví a Rincón, a realizar trabajos independientes”, cuenta con picardía.
“Yo siempre digo que tuve la posibilidad de irme a otros lugares cuando regresé a la Argentina y no elegir Rincón, pero regresé porque este lugar me lo ha dado todo. Yo me quedo acá y apuesto a Rincón. Si quiero ir al valle, Rincón me lo da, si quiero salir del país, Rincón me lo da, si quiero participar en eventos culturales, Rincón me lo da”.
“Yo reconozco que tengo una vida andariega. Ahora estoy acá, en mi tallercito, contento. Porque estoy en un lugar que quiero mucho, cuesta creer, pero por dónde yo andaba, pregonaba Rincón de los Sauces.”
Gerardo recuerda los tiempos en que la localidad contaba con pocos habitantes y llegaba el fin de semana, cuando finalizaba la actividad petrolera, la ciudad quedaba casi vacía. “Había campeonatos de fútbol los fines de semana. Los pocos que quedábamos acá, nos juntábamos todos en el polideportivo. Yo era la voz del estadio y anunciaba las firmas comerciales que nos auspiciaban, le dábamos color al campeonato. Me acuerdo que regábamos la cancha todas las noches, ése era nuestro entretenimiento,” afirma.
Opazo es optimista en cuanto al futuro. “Sé que ahora Rincón es una ciudad nueva, que faltan muchas cosas, que nos faltan comodidades y servicios, pero ya van a llegar. Nos falta organizarnos para tenerlos, a la gente hay que educarla, tiene que querer a Rincón, porque uno llega y no se va.”
“Todos piensan que vengo a trabajar, a conseguir trabajo y cuando termine mi trabajo, vuelvo al pueblo de que provengo. Pero no es así, pasan los años y sigue estando acá. Hay que tratar de hacer la casa mejor, plantar árboles, tener césped y flores. Eso te da otro perfil y otra presentación al pueblo.”
“Yo me lo imagino más ordenado al pueblo. Hay que ser más concientes de cuidar lo que tenemos. Siempre dijimos, se termina el petróleo y nos vamos, yo de los años que llevo acá, siguen sacando petróleo. Rincón no va a desaparecer así nomás, hay que ordenarlo nomás, que las autoridades a nivel nacional y provincial nos escuchen para ordenar todo esto.”
También, el integrante del grupo folclórico “Integración Pehuenche”, dejó un párrafo para lo cultural y lo deportivo: “hay que darle importancia a la cultura, al deporte. Sería ideal que los chicos tengan más espacio y se pudiera formar algún día un verdadero club.”
Gerardo Opazo. Músico, trabajador y padre de familia. Un andariego que ha recorrido el continente pero sabe que su lugar en el mundo está en Rincón de los Sauces.

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